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Los primeros días del pueblo

Los primeros pasos no fueron fáciles en lguazú. Los guaraníes no aceptaron a los padres jesuitas las primeras dos veces que vinieron con la intención de fundar el pueblo. Los recibieron después de haber sufrido algunas muertes por enfermedades, que tomaron como castigo de Dios.

Copyright © Lic. Hugo Lopez (Todos los derechos reservados) - Publicado el 08/06/2015
image El padre Diego de Boroa salió de Córdoba la tercera vez que vino para Iguazú. Pasó por otros dos pueblos jesuitas, Itapúa –hoy Posadas, Misiones –y luego por Corpus, que en aquel entonces todavía estaba emplazado en territorio paraguayo. En este pueblo se le unieron varios guaraníes, que según el mismo relato del padre Boroa en una de sus cartas anuas, querían venir para Iguazú. Entre estos nativos que viajaron con el padre, estaba el cacique Tabacamby, quien fue uno de los “convertidos” más sobresalientes, pues al inicio del trabajo de los jesuitas en la zona del Paraná era acérrimo enemigo y contrario a las reducciones.

La participación de este conocido cacique y la docena de guaraníes que lo acompañaron fue muy importante en la fundación del pueblo de Iguazú, porque ellos eran testimonios tangibles y vivientes de lo que realizaban los padres en los lugares donde evangelizaban, y facilitaban la comunicación entre los padres y los guaraníes, actuando de traductores. Según lo recogido de una de las cartas del padre Boroa, el doctor Luís Honorio Rolón menciona en su libro Santa María del Iguazú 1626 que este grupo tardó un día y unas horas en llegar a la confluencia del Iguazú y el Paraná.

Traían, entre otras provisiones, algunos instrumentos de música, como violines y flautas; agujas, hilos de pescar, cuchillos de hierro, y utensilios de cocina, que siempre eran utilizados como “dones” o “regalos” que los nativos recibían con mucho agrado, intercambiándolos por instrumentos y elementos propios. Estas dádivas entregó justamente el padre Boroa esta tercera vez que llegaba a la zona del Iguazú. Pero en esta oportunidad tampoco fue todo fue felicidad.

Ocurrió que tres años atrás, después que el padre Boroa había sido expulsado por segunda vez de la zona por los guaraníes, algunos de éstos y principalmente los ancianos que habían inducido al rechazo de los padres, sufrieron graves enfermedades en sus aldeas, inclusive hubo varias muertes. Los guaraníes interpretaron esto como un castigo de Dios, por “haber recibido con armas en mano a los padres”, según cuenta el propio religioso en su carta, y por ello, para no volver a recibir el mismo castigo, esta tercera vez recibieron con gusto al padre Boroa, al padre Claudio Ruyer, el cacique Tabacamby y a los guaraníes que los acompañaban.

Les enviaron canoas y jóvenes para que los ayudaran a “pasar” los saltos del Iguazú y así llegar al pueblo que estaba a unos 15 kilómetros río arriba, después de las cataratas. Allí, según Boroa, los recibió “un pueblo grande, adonde el cacique más principal tenía mucha gente comarcana, hechos todos una medialuna para recibirnos y oír lo que les había de decir”. Pero al día siguiente, el cacique Taupá, el más importante de la región, que no había estado en la bienvenida, llegó con muchas canoas “que cubrían el río” molesto porque los padres habían elegido ese lugar para instalar el pueblo. Tuvo que persuadirlo con mucha paciencia y muchas otras dádivas el padre Boroa, y una vez convencido, se retiró contento diciendo que iba a ayudar a la reducción, viniendo con todos sus aldeanos. “Entonces levantamos una gran cruz y la adoramos todos juntos”, describió el momento en su carta el padre Boroa. Comenzaban así los primeros días del pueblo Santa María del Iguazú o Iguazúa.

Referencias

Santa María del Yguazú, 1626 – Investigación – Dr. Luís Honorio Rolón, Iguazú
El imperio Jesuítico – Leopoldo Lugones – Buenos Aires 1904
El Universo Misionero- Guaraní – Esteban A. Snihur – Golden Company, 2007
Misiones y sus pueblos Guaraníes – Guillermo Furlong – Buenos Aires 1962

 

2 Comentarios

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  • 1
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    gladys 09/06/2015 - 09:19:59

    Hermosa crònica de entonces. El que no conoce su raiz, no puede amar su terruño y por lo tanto no esta capacitado para amar a su patria. Es muy saludable que sepamos nuestros comienzos como comun-unidad. gracias.

  • 2
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    dolre 03/07/2015 - 15:42:47

    muy buena historia,e impresionante, tal cual el que reniega de sus raices es por ignorancia ...

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