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El primer Iguazú europeo

Un historiador español y un músico francés fueron los que fundaron el primer Iguazú, que creció con claras influencias europeas y cristianas. En los primeros meses, el pueblo reunía 600 familias de unos cinco caciques de la zona. Primeramente, como todos los pueblos jesuitas, se construyó la iglesia, y las casas alrededor de un “patio central” o “plaza”.

Copyright © Lic. Hugo Lopez (Todos los derechos reservados) - Publicado el 18/08/2015
image En la década de los 1620 tomó lugar, en esta región del Iguazú, el encuentro profundo de las culturas Guaraní y europea. Los europeos llegaron luego que nativos llevaran miles de años como cazadores y recolectores nómades, en la zona de la gran selva paranaense de millones de hectáreas, que cubrían el actual Brasil, Paraguay y Argentina, principalmente.

Aquí, en Iguazú, los padres jesuitas Diego de Boroa, historiador español, y Claudio Ruyer, músico francés, llegaron para misionar y fundar reducciones o pueblos, después que los europeos se hicieran mala fama por unos 80 años en todas las regiones de alrededor, imponiendo sus formas, obligando, robando, usurpando, e inclusive matando sin control. Esto hizo que cuando Boroa intentara fundar el pueblo no fuera bien recibido en dos oportunidades, la última en 1623.

En la tercera oportunidad, a 15 kilómetros río arriba de las famosas cataratas, en el lado del actual territorio argentino, en 1626 Boroa junto a Ruyer fundó el primer Iguazú “europeo” que llamó Santa María del Iguazú. Desde esta fundación, según las cartas de los padres jesuitas, comenzaron los encuentros y desencuentros con los iguazuenses, que intentaban convivir con “nuevas” reglas, principalmente propuestas por los europeos.

Como muestras de sus buenas intenciones, Boroa cuenta en una de sus cartas annuas, que regalaron cuchillos, anzuelos, agujas y otras “cosillas que gustaron mucho”, mostrando así que tales elementos llamaban la atención de los guaraníes y “mostraban” así que no venían a saquear o robar, como los otros blancos, sino a dar, regalar y compartir. Evidentemente, como cuentan después los religiosos, hubo que tener mucha paciencia para convencer a los nativos que la llegada de este par de europeos de sotana y sin armas era sana, pues la desconfianza estaba muy arraigada.

Cuando limaron esas primeras asperezas, como lo expusimos en el artículo anterior, comenzó la instalación del pueblo, que era llamado “reducción” por los padres de la Compañía de Jesús, y que seguía una línea de diagramación que se cumplía en todos los pueblos fundados por los jesuitas. En primer lugar, y como símbolo de las “nuevas” bases socioculturales del pueblo se instalaba una cruz cristiana, que en el caso de Iguazú, fue “enarbolalada con grande alegría de todos”. Esta cruz significaba también “el lugar” en donde se instalaría el pueblo y allí alrededor debían “reducirse” todos los que desearan vivir respetando las normas y condiciones propuestas por los padres.

Cuenta el padre Boroa que primero instaló un rancho a orillas del río para él y el padre Ruyer, pero que después “descontento” con ese lugar, trasladó su residencia a otro lugar más alto. Él lo cuenta así en una de sus cartas: “(Armamos una choçuela de esteras por falta de paja, y aquí psamos los frios del invierno, que son mui rigurosos… era una choça armada sobre unos palos, que junto y embarrados servian de paredes)”. En esta casita los padres alojaron al Padre Provincial, Nicolás Durán, cuando vino a visitarlos y allí al lado de esa residencia dieron misa “por espacio de cinco meses”.

En tal relato Boroa presenta un inconveniente con el que tuvieron que lidiar desde el principio en el nuevo Iguazú europeo: la falta de paja. En otras cartas, el padre Ruyer menciona que tuvieron que pedir ayuda a otros pueblos, como el de Corpus Christi, para que les enviaran paja para los techos de la iglesia y las casas que comenzaban a construir alrededor. Y para solucionar esto, entre otras hojas, utilizaban las de las palmeras pindó más verdes.

En esos mismos meses, cuentan los padres que comenzaron a construir la iglesia. Dice el padre Boroa en su carta: “…hicimos con aiuda de los Indios de las otras reduciiones un lançe de Iglesia de 40 pies…”, esta medida es unos 12,20 metros, y que según otras descripciones tenía unos 4 metros de ancho en las primeras semanas de construcción, a lo que luego añadieron “más lances” o más metros, utilizando también la misma técnica de construcción de la casa de los padres…

(Continúa)

Referencias

Cartas annuas – Padre Diego Boroa 1627 y Padre Cludio Ruyer 1627
Santa María del Yguazú, 1626 – Investigación – Dr. Luís Honorio Rolón, Iguazú
El imperio Jesuítico – Leopoldo Lugones – Buenos Aires 1904
El Universo Misionero- Guaraní – Esteban A. Snihur – Golden Company, 2007
Misiones y sus pueblos Guaraníes – Guillermo Furlong – Buenos Aires 1962



Foto ilustrativa
 

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