Anécdotas del Iguazú jesuita (2)

No solo ataques de brujos y otras tribus, sino también tenían que lidiar con picaduras de víboras, y venganzas fatales entre tribus, que incluían rituales y costumbres caníbales, la cuales afortunadamente pudieron controlar en varias ocasiones.

Copyright © Lic. Hugo Lopez (Todos los derechos reservados) - Publicado el 12/10/2015
image Los curas que curaban

Las peripecias vividas en aquél Iguazú jesuita fueron enormes. Por ello, los logros obtenidos en el medio del monte cerrado de la Selva Paranense, en la década de los 1620 y ’30, son admirables y dignos de mencionar en cualquier relato histórico de nuestro pueblo. Los registros de las cartas mencionan, entre otros hechos, lo que tenían que hacer los padres jesuitas Boroa, Ruyer y Badía, actuando de médicos para curar de varias enfermedades, principalmente de las heridas causadas por las picaduras de insectos o víboras.

En una de sus cartas, el padre Boroa cuenta que el padre Ruyer tenía no sólo la habilidad para enseñar música –pues era músico de profesión –sino que también era reconocido por su gran paciencia para acompañar y curar a los enfermos, siendo a la vez una especie de alternativa para que los nativos ya no confiaran solamente en las curaciones hechas por los brujos-hechiceros. Cuenta Boroa que una de las primeras acciones en el pueblo fue informarse de todos los enfermos de gravedad, para bautizarlos pues algunos estaban ya por morir.

Dice en su carta: “(Lo primer de todo nos informamos de los enfermos y bautizamos, tomando luego nro Sr. por primicia de aquella cristiandad algunos que se llevo para si)”

Y luego cuenta el trabajo del padre Ruyer: “…acudia el padre Claudio (Ruyer) con grande cuidado y solicitud, curandolos y regalándolos con nuestra pobreza y el Sr., que a lo que yo e podido alcanzar, le a dado gracia de curar y sanar enfermos…” y menciona dos medicamentos que fueron de utilidad para estos casos de picaduras de víboras, “…le favorecio mucho valiendose también del licor de S. Nicolas i de la tierra de S. Pablo con que curamos algunas mordeduras de víboras, i los dexamos muy ganados i acreditado el Sto. Evangelio…”


Entre caníbales

En una de sus cartas, fechada en 1627, el padre Ruyer menciona la terrible costumbre que tenían algunas tribus en toda la región alrededor del pueblo de Iguazú: para vengarse de algunas muertes, capturaban a miembros de la tribu adversaria, se retiraban a un lugar elegido, los mataban y se los comían. Enterado de esto, cuenta con horror el padre Ruyer, que tuvo que amedrentarlos y amenazarlos con la ira de Dios, para evitar que llevaran a cabo tal venganza.

Él lo cuenta así: “…(en) una refriega que los indios de esta reducion tuvieron con otra gente circunveçina, que habita la otra parte del Rio en los arcabucos i montes, vaga sin ninguna estabilidad, (i ablan una lengua dificultisima, i que las demas naciones no les entienden palabras, son de fieras e inhumanas costumbres), i en varias lanzas an hecho muchos agravios a estos indios del Iguazú…”, como venganza, cuenta Ruyer, que los guaraníes en una ocasión atacaron a estos otros nativos agresivos, secuestraron a algunos, para matarlos sobre la sepultura de un cacique que los otros habían matado dos años atrás y se disponían a matar a otro, en un lugar separado para comérselo después, como era su costumbre.

Así lo relata: “…los quales (los de Iguazú) queriendo tomar enmienda les acometieron con grande coraje, i dejando muertos… al uno de aquellos (en una sementera a dos leguas del pueblo) mataron cruelmente encima de la sepultura de un caçique, que les avian muerto los enemigos dos años antes, para acerle con esto infelices exequias, conforme a sus ritos, a los demas llevaban rio arriba con grande priesa y ansias, porque los llevaban destinados a para hacer de ellos un nefando banquete, según su detestable costumbre de comerse uno dellos…”

Enterado el padre Ruyer que estaban por hacer esto, mandó juntar al pueblo y los reprendió fuertemente. Cuenta el padre Nicolás Durán en su carta, que esta reprensión ocurrió así: “Juntose el Pueblo i repehendioles tan bestiales intentos, (detestando con grande fervor y energía en un largo sermón, aquella inhumana fiereza, i amenaçandoles sino la dexaban del todo, la ira de Dios i desamparo con que los dexarian los Padres, i que guerra que se les seguiría de los indios del Parana y Guaira que son nros hijos. Con lo qual hiço que prometiesen que no les quitarían las vidas solamente los tendrían como esclavos, mas ellos después de unos días se pusieron en cobro huyendo a sus tierras.”

Continúa.-

Referencias

Cartas annuas – Padre Diego Boroa 1627 y Padre Cludio Ruyer 1627
Carta del Padre Provincial Nicolás Durán - 1627
Santa María del Yguazú, 1626 – Investigación – Dr. Luís Honorio Rolón, Iguazú
El imperio Jesuítico – Leopoldo Lugones – Buenos Aires 1904
El Universo Misionero- Guaraní – Esteban A. Snihur – Golden Company, 2007


 

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