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Hoy, las enfermedades viajan en avión.

Iguazú se ha convertido en un destino único para el turismo internacional, donde recibe más de un millón de visitantes de todas partes del mundo, su ubicación geográfica en una área de fronteras, la presencia de tres aeropuertos internacionales en un radio de no más de 50 km, requiere que estemos atentos con los viajeros, no solo traen en sus valijas ganas de disfrutar de nuestras maravillas naturales, sino que también pueden traer enfermedades con potencial riesgo de brotes epidémicos dada las situaciones requeridas.

#Salud - Publicado el 12/09/2017
image Iguazú (LAVOZ) En el diccionario de la Real Academia Española el término globalización se define como la tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales. Sin embargo, en un sentido más amplio, se entiende por globalización un conjunto de procesos económicos, culturales y sociales. La imparable aceleración de la globalización y la agilidad del transporte entre países permiten exportar e importar con facilidad enfermedades con un potencial riesgo epidémico.

Hoy en día es posible dar la vuelta al mundo en menos de 36 horas. No hace tantos años que los viajes transcontinentales en barco duraban de 10 a 20 días, tiempo suficiente para la incubación de gérmenes (virus, bacterias y parásitos), lo que posibilitaba la detección y el aislamiento de los enfermos durante el trayecto. Pero hoy en día, los viajes transcontinentales llegan a ser más cortos que el período de incubación de la mayoría de estos patógenos. Por otro lado, actualmente las migraciones masivas debidas a conflictos armados, persecuciones y desastres naturales, o individuales, en búsqueda de oportunidades económicas o libertades políticas y religiosas, actividades relacionadas con el turismo internacional, facilitan la importación y exportación de nuevos patógenos, capaces de conquistar nuevos nichos ecológicos sobre todo si se encuentran con una población susceptible no inmune.

De hecho, la transmisión de enfermedades virales emergentes de unas zonas del globo a otras se ha convertido en uno de los nuevos paradigmas de salud mundial, ejemplificado a la perfección con la aparición del síndrome respiratorio agudo severo (SARS). El SARS surgió en el 2002 en el sudeste de China y llegó a ser un problema de salud mundial, dispersándose por el sudeste asiático y llegando a Estados Unidos y Canadá en tan sólo dos meses. Recientemente, entre mediados de marzo y principios de abril del 2009 apareció la nueva cepa H1N1 del virus de Influenza de origen porcino en México, que se transmitió entre humanos y afectó a unas 36.000 personas causando 136 muertos en 76 países de los cinco continentes en solamente dos meses y medio.

Hace pocos años atrás estábamos todos muy atentos por el riesgo de que aparezcan viajeros infectados por el virus del abola, se intensificó los controles en las fronteras y en aeropuertos, del mismo modo enfermedades infecciosas transmisibles como el paludismo, el Zika, chikungunya, fiebre amarilla y otras tantas, ponen en riesgo a nuestra población ya que estamos en presencia del vector, pilar fundamental para la circulación de estas enfermedades, y así un eminente riesgo de un brote epidémico.
No solo debemos enfocarnos en aquellos que nos visitan, también promover la información e inmunización a individuos de nuestra región que viajen a distintos lugares del mundo, protegiendo así la integridad de su salud y que no traigan consigo enfermedades que puedan poner en riesgo la salud de nuestra comunidad.

Las enfermedades emergentes no tienen fronteras y su dispersión deriva de forma destacada de la globalización, así que es tarea de todos intentar controlarlas. Es importante informar a la población mundial y asesorar a los viajeros del riesgo potencial de la introducción de enfermedades infecciosas o de sus vectores.

Recuerdo de mi viaje a Cuba, donde en el aeropuerto previa a las oficinas de migraciones un grupo de promotores de salud me hicieron una exhaustiva entrevista preguntándome mi procedencia, viajes previos, vacunas; cuyo objetivo era proteger a mí y a la población cubana de enfermedades infecciosas transmisibles, gran responsabilidad del gobierno cubano con la salud de su pueblo y de los viajeros.

La comunidad investigadora de un país siempre debe de tener una radiografía actualizada no solo de su territorio sino también de todo el mundo y llevar un control de los agentes patógenos que están circulando. Es muy importante desplegar un programa de vigilancia efectivo que nos permita tener un detallado seguimiento de los microrganismos de alta patogenicidad para así poder saber qué factores no debemos descuidar. Antes de enfrentarnos a cualquier problema, sea del ámbito que sea, es necesario que primero identifiquemos de qué problema se trata, conozcamos a quién afecta o podría afectar y, a ser posible, identifiquemos también las causas que lo ocasionan. Si disponemos de toda esta información es muy probable que las medidas que tomemos sean más eficaces, tanto a la hora de prevenir como de solucionar el problema.

Es necesario que la dirección de sanidad de fronteras, profesionales de salud, empleados de migraciones, fuerzas vivas, contemos con información actualizadas sobre enfermedades con potencial riesgo para la región, y así intensificar la vigilancia sobre el viajero tanto el que sale como el que entra al país.

También tengamos presente que un brote de una enfermedad con estas característica tendría un impacto negativo en la economía generada por el turismo en nuestra localidad, el trabajo en equipo entre el sector público y el privado lleva a disminuir los riesgos de la aparición de las mismas.
Seguramente los mentores de la globalización sólo pensaron en el beneficio económico que el intercambio comercial traería a los países centrales. Pero, de modo paradójico, la misma globalización ha servido de rasero mundial en lo que se refiere a las enfermedades infecciosas y lo que antes se conocía como infecciones propias de países en desarrollo al día de hoy se las puede encontrar en el corazón de Manhattan o en el centro de París.

Podremos tener teléfonos que caben en la palma de la mano, que saquen fotos, envíen mensajes y emitan música, pero en la lucha contra el mundo microbiano parece que seremos siempre aprendices.

Por: Javier Marx
Magister en Salud Pública y Enfermedades Transmisibles
Bioquímico del Hospital SAMIC Iguazú
Docente del Instituto Misionero de Enseñanza Superior
Docente de la MSPyET, FCEQyN-UNaM
Docente del Instituto de Estudios Superiores Hernando Arias de Saavedra


 

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