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Quién se está quedando con el agua

“Las crisis globales relacionadas con el agua, desde las sequías en las granjas más productivas del mundo hasta los miles de millones de personas sin acceso a agua potable son la mayor amenaza a la que se enfrentará el planeta durante la próxima década”.

#MedioAmbiente - Publicado el 23/03/2018
Quién se está quedando con el agua Iguazú (LAVOZ) Esta frase, recogida en la edición de 2015 del informe de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial, se ha repetido hasta la saciedad en los últimos tiempos. El agua, que en Occidente consideramos como un bien garantizado, es un recurso natural estratégico cuya importancia será cada vez mayor a medida que pasen los años. De ahí que Estados y empresas se hayan embarcado en una guerra subterránea para controlar y sacar rédito económico a este recurso que en un 92% se destina a la producción agrícola.

“A medida que se vayan notando los efectos del calentamiento global, esta pugna por el control de los recursos hídricos irá a más”, explica Pedro Baños, coronel del Ejército de Tierra en la reserva, antiguo jefe de Contrainteligencia del Ejército Europeo en Estrasburgo y autor de 'Así se domina el mundo'. El problema no es la cantidad total de agua disponible como su distribución en el planeta, como recuerda el coronel Emilio Sánchez de Rojas, jefe de departamento de investigación y análisis de la Escuela de Altos Estudios del Centro Superior de Estudios de la Defensa nacional: “Es un recurso renovable pero finito, por lo que su control estratégico empieza a ser importante. Si utilizásemos toda el agua que cae, habría suficiente, pero su distribución es tan irregular que hay zonas en auténtico estrés hídrico”.

Cada vez hay más grupos de capital riesgo que están intentando controlar el agua pensando que va a ser un recurso estratégico
En ese panorama, el agua se convierte en un bien valioso, una materia prima esencial tanto en la industria alimenticia como en la energética. De ahí que no solo los Estados velen por su posesión, sino también multinacionales y fondos de inversión. En 2008, un informe de Goldman Sachs lo denominó “el petróleo del siglo XXI”. En él recordaba que el consumo se doblaba cada 20 años y que en 2025, un tercio de la población global no tendría acceso al agua potable. Pocos años después se fundaba la Aqueduct Alliance, de la que formaban parte dicho banco, JP Morgan, General Electric, Shell o los gobiernos holandés y sueco, y cuyo objetivo era hacer frente común y compartir información estratégica.

“Cada vez hay más grupos de capital riesgo que están intentando controlar el agua pensando que va a ser un recurso estratégico en pocos años”, concede Baños. “Con el agua va asociada la agricultura y la producción de alimentos, cuya tecnología está en manos de grandes empresas del mundo occidental”, añade Jorge Olcina, catedrático de la Universidad de Alicante y presidente de la Asociación de Geógrafos de España. “Por tanto, el agua puede ahondar en las próximas décadas la separación ya existente entre países avanzados y subdesarrollados por su nivel de renta”. Como recuerda Gonzalo Delacámara, director académico del Foro de la Economía del Agua, “políticos y consejeros delegados consultados por el FEM coinciden en que una crisis de agua podría convertirse en el mayor riesgo global para la humanidad”.

España es uno de los países con más problemas de agua del mundo, como desveló un informe del World Resources Institute (WRI). “Si sufrimos sequía como en 2017, tenemos un conflicto entre comunidades autónomas”, recuerda Baños. El problema, no obstante, no se resolvería importando agua de otros países (lo más cercano son las reservas del sur de Francia, recuerda Sánchez de Rojas, que añade que “tenemos cantidad suficiente de momento”) sino buscando la colaboración entre regiones y recurriendo a alternativas como la desalinización, la utilización de aguas subterráneas (más caras) o la limpieza de los ríos, que ha permitido recuperar un 10% del agua gris. También, añade el coronel, una mayor eficiencia en los regadíos, centrándose en los más rentables como frutas o verduras, y menos en plantas forrajeras o trigo, que requieren mayores cantidades de agua.


El agua es un negocio seguro. Se obtiene generalmente con un bajo coste (lluvia, ríos, lagos) y se puede vender a alto precio a los consumidores

La población del mundo desarrollado, estimada en un 12% del total, consume en torno al 80% del agua potable. Como recordaba un artículo de 'PNAS', tres países (China, India y EEUU) consumen el 28% de los recursos hídricos. A medida que más países en vías de desarrollo se urbanicen, su demanda será aún mayor. Como recuerda Baños, “el agua virtual para conseguir una hamburguesa puede oscilar entre los 200 y los 300 litros, en los que se incluye el agua que ha consumido la vaca y la que ha servido para el pasto”. Empresas como Coca-Cola han recurrido a los pozos de países como la India o Latinoamérica (Chiapas) y Nestlé posee alrededor de 100 fábricas de agua embotellada en todo el mundo.

“El agua es un negocio seguro”, recuerda Jorge Olcina. “Se obtiene generalmente con bajo coste (lluvia, ríos, lagos) o moderado (depuración, desolación) y se puede vender a un alto precio a los consumidores (agua del grifo o embotellada)”. La gran diferencia se encuentra en las actitudes que los distintos gobiernos. “En aquellos contextos donde la regulación de este recurso no sea suficientemente fuerte y en la que el objetivo común sea el interés general, se pueden producir abusos”, explica Delacámara, que ha asesorado al Parlamento Europeo. Es la gran diferencia entre EEUU –amparado en la doctrina del 'public trust'– o la Unión Europea, con legislaciones muy avanzadas en este sentido, y otros países subdesarrollados donde la producción es más barata que, como matiza Olcina, “quedan al amparo de las actuaciones de estas grandes empresas que encuentran apoyo en los gobiernos, en detrimento de la defensa de sus ciudadanos”.








Fuente: El Confidencial

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