Elon Musk o todo lo que está mal en el mundo corporativo

Tesla es una empresa automotriz dedicada solo a producción de autos eléctricos. Elon Musk la fundó en 2003 y la dotó de un aura legendaria llamándola con el apellido de uno de los genios del siglo XX, Nikola Tesla, el enorme e ignorado creador de la corriente alterna, un invento que quedó bajo la sombra de Edison y que hoy es el que se utiliza en todo el mundo para la electricidad.

- Publicado el 30/07/2020
Elon Musk o todo lo que está mal en el mundo corporativo Iguazù (LaVozDeCataratas) El sudafricano Elon Musk, desde mi punto de vista, encarna todo lo que un CEO no debe ser: se siente demasiado convencido de sus talentos y cree que puede hacerlo todo solo, por lo que el trabajo en equipo –fundamental en el mundo corporativo actual- para él no es relevante como tampoco parece serlo el desarrollo de las personas. Siempre que escuchamos hablar de Tesla como organización hay una referencia directa a Musk o, en otras palabras, cuando se encienden las luces del set de filmación él es el único actor que ocupa todo el plano.

Tesla es una empresa automotriz dedicada solo a producción de autos eléctricos. Elon Musk la fundó en 2003 y la dotó de un aura legendaria llamándola con el apellido de uno de los genios del siglo XX, Nikola Tesla, el enorme e ignorado creador de la corriente alterna, un invento que quedó bajo la sombra de Edison y que hoy es el que se utiliza en todo el mundo para la electricidad.

Hace unas semanas, la compañía se convirtió en noticia después de que su valoración bursátil subió un 40% en menos de una semana y la convirtió en la empresa más valiosa del sector por encima incluso de Toyota, Volkswagen y Ford General Motors. La pregunta que surge frente a este escenario es si se trata de un hecho con sustento en la realidad o solo de un alza relacionada con la especulación.
Las cifras del sector son prueba de que la valoración actual de la empresa es un despropósito. Tesla entregó en 2019 casi 400 mil vehículos mientras que Volkswagen, por ejemplo, vendió 11 millones y Toyota más de nueve millones. Con el análisis de estos números, resulta incomprensible que la compañía de Musk valga mucho más que el resto de las empresas del sector que cuentan con décadas de trayectoria y volúmenes de venta ampliamente superiores.

¿Acaso, entonces, el liderazgo de Tesla se debe a la especulación? ¿Se trata solo de una burbuja irracional? Se podría decir que sí. Hay datos concretos que respaldan la afirmación. El más importante, el que muestra el panorama completo, es el hecho de que después de más de una década de historia, la empresa al fin ha logrado ganar algo de dinero en un plazo sostenido de tan solo dos trimestres. En otras palabras, siempre fue a pérdida y solo se sostuvo a través del aporte de capitales.

Sin embargo, y aunque resulte paradójico, la economía no solo depende de números sino también de otros intangibles que la hacen valiosa. Tesla cuenta con la ventaja de ser una empresa que se creó para fabricar autos eléctricos por lo que su estructura y know how ya están preparados para el futuro a diferencia del resto de las automotrices que deben replantear sus procesos para convertir sus vehículos en sustentables. En este sentido, el nombre de Tesla se ha posicionado como una marca “amigable con el medio ambiente” y “deseable en términos sociales” porque nadie quiere sentirse responsable de contaminar el planeta. De ahí que uno de los capitales de Tesla sea la forma en la que se tiende a evaluar: como aquello que puede llegar a ser y no como lo que en realidad es.

En este punto, aparece Elon Musk como un superhéroe de ficción dispuesto a desafiar a la antigua industria automotriz –que representa al peligro del petróleo- para “mejorar el mundo”. A pesar de que se ha comprobado que los transportes terrestres representan solo un 15% de todas las emisiones de carbono del planeta, la idea de un auto eléctrico que llega para salvar a la humanidad es un relato que todavía sigue entusiasmando al público. El propio Musk, en un acto que revela una visión distorsionada de sí mismo, se considera una especie de Iron Man real: un multimillonario que lucha por dejar un mundo limpio y habitable.
Con un primer auto lanzado en 2008 y una serie de modelos estrenados en los años siguientes, un estudio realizado hace unos meses por una reconocida consultora norteamericana del sector automotriz, J.D. Power, posicionó a Tesla como la marca de vehículos de peor calidad en Estados Unidos. La empresa de Elon Musk quedó en lo más bajo de la lista con 250 fallas descubiertas cada cien autos.

Si a este dato se le suman la cantidad de accidentes y muertes provocadas por el uso del sistema de piloto automático a pesar de que se sepa que no son vehículos autónomos –aunque la marca no se haya encargado de aclarar este punto con la suficiente firmeza-, los crecientes defectos de fabricación en toda su línea, una autonomía que desaparece cuando las temperaturas son bajo cero y una velocidad creciente del resto de las industrias del sector en el desarrollo de motores eléctricos, se puede concluir que hoy Tesla puede encandilar con luces que brillan en la bolsa de valores, pero que, en cuanto se aleja de las especulaciones a futuro, se revela en la oscuridad como una corporación débil que se mantiene en actividad debido a la personalidad de su CEO que seguirá invirtiendo en tanto le siga divirtiendo al margen de los beneficios y aportes para la sociedad que todas las empresas debemos cuidar en la interacción con el mundo.

Desde nuestra organización consideramos que algunas de las claves del crecimiento corporativo son la visión a largo plazo, la mirada curiosa hacia el futuro y la flexibilidad para generar transformaciones. Somos un equipo en el que cada uno de sus miembros resulta vital para el funcionamiento adecuado de la compañía, no hay egos ni estrellas mediáticas que necesiten constantemente la atención del público para calmar inseguridades o conflictos personales que, en todo caso, deberían resolverse con un profesional adecuado. En general, es lo que sucede en la mayoría de las grandes corporaciones sanas que, si bien tienen un líder que es la cara pública de la compañía frente a la sociedad, no dependen de ególatras para ser exitosas.

Por Javier Zbikoski   Director Ejecutivo del Grupo Metropol.
 

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