Periodista de Posadas denunció en las redes sociales que fue abusada sexualmente

A través de un hilo de twitter, una misionera rompió el silencio y se animó a contar el hecho que le cambió la vida en absoluto. Denunció que fue abusada sexualmente por, en ese entonces, su compañero de prácticas de la facultad de Humanidades en la UNAM.

Todo se remite al 2008, la víctima relata que en esos tiempos hacía radio, escribía en una revista independiente y tenía un gran grupo de amigas y amigos de la facultad.

“Ese año hice una materia práctica, que era una de las últimas para recibirme de técnica, y cuya tarea me tocó dar talleres de comunicación con un compañero de la carrera, reconocido fotógrafo feministo y músico de Posadas; en ese momento nos hicimos amigos”.

Trabajaron codo a codo durante todo ese año en una escuela del populoso barrio A4 de Posadas y además, se volvió íntimo de su grupo de amigas.

Prosigue relatando que en noviembre de ese 2008, uno de sus amigos realiza una fiesta en su domicilio e invitó a toda esa camada de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la UNAM. “Yo me quedé a dormir porque con el dueño de casa teníamos que terminar un trabajo para Estética”.

“Todos se fueron, yo me quedé durmiendo en la sala mientras mi amigo y su compa de depto (y novio de otra amiga) dormían en su habitación”.

Minutos después, el acusado toca el timbre de la vivienda, luego de haber acompañado a dos de las demás jóvenes allí presentes hacía la casa de una de aquellas. “Lo hice subir, y quedó hablando por bastante tiempo. Yo no aguantaba el sueño”.

Luego, se refirió al hecho que le cambió la vida en absoluto y del que tantos años calló. “No sé cómo ni cuándo solo sé que quedé dormida en el sillón, me desperté con el tipo encima, tocándome por todos lados, quedé muda y en shock y con un miedo absoluto que no hay palabras para describir”.

“Me sentí igual que cuando fui abusada en la infancia. Y del mismo modo quedé paralizada. No lo podía creer. Empecé a moverme lentamente lo que me dejaba el cuerpo porque pensé que si se daba cuenta que estaba por despertarme iba a dejar de tocarme. No lo hizo”.

“Entonces en contra de todos los obstáculos que sentía, me levanté rápido y fui corriendo al baño. Fue unos de los primeros ataques de pánico que sentí en la vida”.

El abusador continuaba en la sala, con una actitud como si nada hubiera pasado. “Él me habló pero yo no pude escuchar lo que dijo (años después descubrí que es un mecanismo de defensa). Le abrí la puerta y se fue. Me largué a llorar”.

La joven decidió contárselo en ese momento al dueño de casa. “Cuando se despertó mí amigo le conté todo. Justo ayer vi que ese mismo «amigo» que me contuvo (con el que no tenemos relación hace más de una década por otro problema) fue a un cumpleaños y se sacó fotos con el abusador. Siguieron siendo amigos”.

Las acusaciones continuaron, el apuntado se ocupó de minimizar la situación y excusarse. “Luego de esto que pasó, el tipo se ocupó de hablar pestes de mí, dijo que estaba «enamorado de mí», que yo era una «calenta p.» y que lo «había ilusionado». Y seguro dijo muchas cosas más porque cuando iba a clases la gente me daba vuelta la cara y me dejó de saludar”.

Según la víctima, el hombre tenía buena relación con cada estudiante de la nombrada facultad de Misiones. “A mis «amigos» les pasó que no podían pensar mal de él, incluso cuando conté que me amenazó y que me acosó, todos lo minimizaron y siguieron juntándose con él o invitándolo a nuestras juntadas. El hecho que todos minimizaran hizo que yo lo hiciera”.

Como ocurre en gran parte de los casos de abuso sexual, la mujer se sintió culpable de la situación, pero con el tiempo aprendió que fue víctima. “Me lo fumé por meses. Porque yo era «injusta» al plantear que me dolía verlo. En esa época no sabíamos lo que era la «cultura de la violación», ni los encubrimientos ni los cómplices”.

Además, acusa a aquellos jóvenes que aun conociendo el hecho, lo siguieron apañando a su victimario. “Luego hubo problemas con proyectos en común con estos amigos y ellos decidieron dejar de hablarme por eso. No puedo explicar lo infernal que fue para mí la situación. Desde la fiesta hasta que me dejaron de hablar. El dolor más grande que sentí y sigo sintiendo”.

En la actualidad, “Hoy todos ellos siguen siendo amigos del abusador, son feministas, van a las marchas, a los eventos de la facultad, hacen investigaciones sobre género, y la mala amiga fui yo”.

Fuente: MisionesOnline

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