En plena era tecnológica, una ludoteca porteña ofrece 300 juegos de mesa y propone una desconexión digital

Funciona en el barrio porteño de Villa Crespo. Ofrece juegos de todos los géneros y mecánicas. También cartas y hasta dejan lanzar dados. Se paga una tarifa por hora, pero hay que reservar el lugar con anticipación. No hay ninguna pantalla electrónica y la clave de wifi (para el cliente que la requiera) es: “¡guardá el celu!”. Los dueños cuentan cómo surgió la idea y el fenómeno que están viviendo: “El público es muy variado: desde chicos los de la secundaria hasta jóvenes que se entretienen con juegos más de previa y para reírse un rato”, dicen.

En un mediano local de paredes blancas, acompañadas de repisas de madera con cajitas de diferentes tamaños y colores, hay grupitos de personas jóvenes y mayores sentadas y distribuidas prolijamente en toda la sala. Mientras algunas toman un simple cafecito y otras pican unos nachos, sobre muebles de vidrio se entretienen con juegos de mesa. Los más chicos tienen entre sus manos unas cartas amarillas con dibujitos y las observan detenidamente. Al colocarlas en medio de la mesa, por segundos, se miran entre ellos con risas de por medio. La gente más grande, en cambio, se divierte con tableros, moviendo las piezas con cuidado en cada casillero.

Así se ve durante la semana La Board Game House, la ludoteca destinada exclusivamente a los juegos de mesa con una cafetería incluida al fondo del lugar ubicada en la calle Aguirre 938, en Villa Crespo. A lo largo de tres meses fue armado por dos principales fanáticos de esta actividad, Gabriel Fuchs y Juan Esteban Bonora a través de la ayuda económica de un colega de ellos.

Durante la pandemia comenzaron a generar contenidos para su canal de Youtube, transmitir por Twitch los juegos hasta volver al bar donde siempre hacían las reuniones de amigos. Pero a esa altura, ya habían juntado muchos seguidores por las redes sociales que pedían jugar personalmente, y a la vez, poder conocerlos. Por lo tanto, empezaron a trasladarse con las valijas llenas de juegos a distintos sitios cobrando entradas, hasta que se les dio la oportunidad de poder alquilar el actual local.

“Este lugar nace por el amor a los juegos de mesa. Todo inicia por mi parte desde que era chico. Siempre jugaba a juegos de mesa que fui trasladando hasta en las juntadas entre amigos. De ahí, aparece mi instagram, Gabriel el de los juegos”, relató Gabriel Fuchs, uno de los fundadores. Y además, agregó: “Al principio empezamos a juntarnos en el bar Luxemburger a jugar porque ya no entrábamos en casa, y de a poco, se fue sumando el amigo de un amigo con la llegada de más personas”.

Fuchs relató: “El público que viene es muy variado. Desde chicos de la secundaria que se escapan una horita dos o tres veces por semana antes de Educación Física. También concurre gente que se entretiene con juegos más de previa para reírse un rato y salir, y al lado, tenés nenes divirtiéndose con un juego que les puede ocupar toda la mesa durante tres horas rompiéndose el coco. Esa convivencia es genial porque están todos compartiendo el mismo techo llevándose bien”.

Hay más de trescientos juegos, de todos los géneros y mecánicas: aventuras por si uno desea explorar, descubrir y matar monstruos en el camino; abstractos como las damas o el ajedrez; cooperativos donde el grupo colabora para lograr una misión. Además, están las cartas, tableros, lanzar dados tentando a la suerte, y luego, hay otros de mayor complejidad como Root, un gran juego que a su vez se divide en cuatro minijuegos que debe atravesar cada jugador mientras se encuentra en su propio grupo. La hora cuesta actualmente 700 pesos.

Existen juegos agresivos como Taco Gato y El Fantasma que son juegos de cartas similares que consisten en poner primero la mano sobre la carta repetida antes que los demás, pero el que se lleva el primer puesto, es el Throw Throw Burrito que lo tienen prohibido. Solo se puede utilizar en momentos especiales cuando varias personas desean jugar y el local esté un poco más vacío porque el objetivo es pegarle con el burrito de espuma a un jugador a través de unas cartas. También existe la guerra de burritos donde la gente se coloca de espaldas entre ellos y a la cuenta de tres, se dan vuelta para golpearse con el muñeco.

“En el local no hay ninguna pantalla, ni nada de cosas electrónicas. Lo único que hay es música bajita. Intentamos que los consumidores se desconecten a través del juego. Por ejemplo, al pedirnos la clave del wifi es: ‘¡guardá el celu!’, se les transmite un mensaje pasivo-agresivo”, comentó Gabriel Fuchs.

Una industria que se está reinventando

Con el surgimiento de la pandemia, los fundadores de “La Board Game House” notaron que la industria del juego nacional de mesa aumentó y le dio la posibilidad de salir a la luz a autores argentinos que no habían podido dar a conocer sus juegos.

Julián Benítez, gerente de relaciones institucionales de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ), coincidió con las reflexiones de los creadores del local. “A nivel mundial ya venía aumentando el consumo, pero luego del aislamiento creció el doble la venta de rompecabezas”.

Benítez afirmó que la asociación de la que forma parte defiende el lanzamiento de emprendedores de juegos y que recomiendan estas actividades para incentivar las reuniones familiares y el alejamiento de las pantallas.

Fuente Perfil

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