El sexto sentido puede ayudar a superar lesiones medulares

Revelaron los secretos moleculares y la función de las neuronas sensoriales propioceptivas, lo que podría ayudar a optimizar nuevas soluciones para pacientes con lesiones medulares o escoliosis.

 

Cuando se menciona el sexto sentido, a menudo se cree que está relacionado con un contexto de supuestos poderes de percepción sobrenaturales o con el poder de la intuición humana. Lo cierto es que sí poseemos esta singular habilidad sensorial.

Se trata de la propiocepción, facultad que nos permite conocer la posición de las partes de nuestro cuerpo sin necesidad de mirarlas ni de palparlas. Gracias a la propiocepción, podemos tocarnos la nariz con un dedo y llevarnos una taza de café a los labios en medio de una oscuridad total que no deja ver nada. La propiocepción también nos permite poner un pie delante del otro para caminar sin tener que mirarlos.

La propiocepción es posible gracias a neuronas sensoriales especiales en nuestros músculos y articulaciones. Sin ellas, el cerebro no sabría lo que hace el resto de nuestro cuerpo. Las personas sin propiocepción no pueden ejecutar movimientos coordinados.

Sin las neuronas sensoriales especiales, el cerebro no sabría lo que hace el resto del cuerpo. (Foto: Adobe Stock)
Sin las neuronas sensoriales especiales, el cerebro no sabría lo que hace el resto del cuerpo. (Foto: Adobe Stock)

Un equipo integrado por Niccolo Zampieri y Stephan Dietrich, del Centro Max Delbrück de Medicina Molecular, dependiente de la Asociación Helmholtz, en Alemania, estudió los marcadores moleculares de las células implicadas en este sexto sentido, a fin de entender mejor cómo funcionan y lograron describirlos.

Lo que descubrieron los investigadores sobre el sexto sentido

Utilizando la secuenciación de una sola célula, el equipo investigó qué genes de neuronas sensoriales propioceptivas (pSN) hay en los músculos abdominales, de la espalda y de las piernas. “Encontramos genes característicos para el pSN conectado a cada grupo muscular”, dijo Dietrich. Y añadió: “También demostramos que estos genes ya están activos en la etapa embrionaria y permanecen activos durante un tiempo después del nacimiento”.

Dietrich explicó que esto significa que hay programas genéticos fijos que deciden si un propioceptor inervará los músculos abdominales, los de la espalda o los de las extremidades.

Entre los hallazgos, los investigadores identificaron varios genes para las efrinas (proteínas unidas a la membrana celular) y sus receptores. “Sabemos que estas proteínas están involucradas en guiar las fibras nerviosas nacientes hacia su objetivo durante el desarrollo del sistema nervioso”, expresó Dietrich.

Un objetivo para mejorar las neuroprótesis

“Los marcadores que identificamos ahora deberían ayudarnos a investigar más a fondo el desarrollo y la función de las redes sensoriales específicas de los músculos individuales”, indicó Dietrich. Zampieri indicó: “Con la optogenética, por ejemplo, podemos utilizar la luz para activar y desactivar los propioceptores, ya sea, individualmente o en grupos. Esto nos permitirá revelar su papel específico en nuestro sexto sentido”.

Este conocimiento, eventualmente, debería beneficiar a los pacientes con lesiones de la médula espinal. “Una vez que comprendamos mejor los detalles de la propiocepción, podremos optimizar el diseño de las neuroprótesis”, dice Zampieri.

La escoliosis, a veces, se desarrolla durante el crecimiento en la niñez y hace que la columna se tuerza. Con las nuevas investigaciones sobre nuestro sexto sentido esto se podría modificar. (Foto: Adobe Stock)
La escoliosis, a veces, se desarrolla durante el crecimiento en la niñez y hace que la columna se tuerza. Con las nuevas investigaciones sobre nuestro sexto sentido esto se podría modificar. (Foto: Adobe Stock)

La neuroprótesis es la implantación de un chip en el cerebro. Este tipo de técnicas se están estudiando principalmente con la finalidad de dotar de movilidad a personas parapléjicas, amputadas o con dificultades motrices.

“Si podemos comprender mejor nuestro sexto sentido, será posible desarrollar nuevas terapias que contrarresten lesiones medulares, la escoliosis, la displasia de cadera y otros tipos de daño esquelético”, añadió.

Un esqueleto saludable gracias a la propiocepción

En tanto, Zampieri comentó que investigadores de Israel descubrieron recientemente que la propiocepción que funciona correctamente también es importante para un esqueleto saludable.

La escoliosis, por ejemplo, es una condición que, a veces, se desarrolla durante el crecimiento en la niñez y hace que la columna se tuerza. “Sospechamos que esto se debe a una propiocepción disfuncional, que altera la tensión muscular en la espalda y distorsiona la columna”, expresó Zampieri.

La displasia de cadera, una anomalía de la articulación de la cadera, también puede ser causada por una propiocepción defectuosa. Esto llevó a Zampieri a imaginar otro resultado de la investigación: “Si podemos comprender mejor nuestro sexto sentido, será posible desarrollar nuevas terapias que contrarresten eficazmente estos y otros tipos de daño esquelético”.

 

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