Amanecer en las Cataratas del Iguazú: es un regalo invaluable que nos brinda la naturaleza

Caminar por las pasarelas que llevan a las cataratas es como caminar sobre el filo de un sueño. Cada paso te acerca más a la inmensidad del agua, y cada mirada te roba el aliento. No importa cuántas veces hayas estado aquí, cada visita es única y te transforma un poco más. Te conecta con la esencia misma de la vida y te hace sentir parte de algo más grande.

Iguazú (LaVozDeCataratas- Kelly Ferreyra) En el rincón más profundo de mi ser, donde late el corazón de la selva, he tenido el privilegio de vivir y amar las Cataratas del Iguazú. Aquí, en este paraíso natural, cada amanecer es una sinfonía de emociones, un paseo alucinante por la belleza inigualable de la Madre Tierra. Mis lágrimas se mezclan con el rocío de las cataratas, mis risas se funden con el canto de los pájaros y mi espíritu se eleva con el rugido del agua que cae con fuerza inquebrantable.

El Despertar de la Selva: Cuando el sol comienza a teñir el horizonte de tonos dorados y rosados, la selva despierta a la vida. Los primeros rayos de luz acarician las hojas verdes y revelan la inmensidad de este edén natural. Caminar por los senderos que serpentean entre la vegetación es como entrar en un mundo mágico, donde cada árbol, cada flor y cada criatura tienen una historia que contar.

Y entonces, cuando menos lo esperas, escuchas el rugido. Ese sonido que no se puede describir con palabras, que se siente en lo más profundo del alma. Es el llamado de las Cataratas del Iguazú, una invitación a acercarse a la grandeza de la naturaleza. Cuando las ves, no importa que vivas con ellas,  el corazón se acelera, y las lágrimas brotan de tus ojos sin control. Es imposible contener la emoción ante semejante maravilla.

A medida que el sol se eleva en el cielo, las Cataratas se visten de colores. Un arco iris gigante se forma en medio de la niebla que se eleva desde el abismo. Es como si la naturaleza misma estuviera pintando su lienzo con tonos vibrantes y mágicos. No hay obra humana que pueda compararse con esta exhibición de la naturaleza.

Las Cataratas del Iguazú no solo son un espectáculo visual, sino un hogar para una diversidad de vida impresionante. Los coatíes curiosos se cruzan en tu camino, las mariposas revolotean a tu alrededor y las aves exóticas adornan el cielo. Cada rincón de este lugar está lleno de vida y energía, recordándonos la importancia de proteger y conservar este tesoro natural.

Caminar por las pasarelas que llevan a las cataratas es como caminar sobre el filo de un sueño. Cada paso te acerca más a la inmensidad del agua, y cada mirada te roba el aliento. No importa cuántas veces hayas estado aquí, cada visita es única y te transforma un poco más. Te conecta con la esencia misma de la vida y te hace sentir parte de algo más grande.

 Cada gota de agua que cae es un recordatorio de lo frágil que es este mundo y de nuestra responsabilidad de protegerlo para las generaciones futuras.

Amanecer en las Cataratas del Iguazú es un regalo invaluable que la naturaleza nos brinda. Es una experiencia que te llena de pasión y sentimiento, que te hace apreciar la belleza del mundo y la importancia de protegerlo. Cada amanecer aquí es un recordatorio de la magia que existe en la Tierra y de la necesidad de preservarla para siempre.

Hasta diciembre los visitantes podrán disfrutar de la experiencia Amanhecer das Cataratas, una aventura exclusiva que se da antes de la apertura habitual del Parque Nacional en Foz de Iguazú, Brasil. El horario de acceso es de 6 am a 6:30 am con embarque en transporte interno en el Centro de Visitantes de la unidad. Para finalizar la visita, se ofrece un desayuno especial en el corazón de las Cataratas del Iguazú, en el Restaurante Porto Canoas, de 7:30 a 9:30 horas. Es posible contemplar los colores del amanecer en el horizonte de la frontera con Argentina y el río Iguazú formando las cataratas.

El recorrido se realiza todos los martes, jueves y sábados. Las entradas son limitadas y se venden en el sitio oficial cataratasdoiguacu.com.br.  Desde el 1 de septiembre, la tarifa aumentó a 195 reales para el público en general y a 156 reales para los residentes brasileños vecinos al parque, con el Pase Comunitario.

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