Córdoba: denunció a su ex por violento y él trató de matarla, “Vivo con una bala en la cabeza”

El ataque ocurrió en diciembre de 2012, en Córdoba. La Justicia condenó al agresor a 13 años de prisión, pero ya está en libertad. La historia de resiliencia de Albertina Bichsel.

El 10 de diciembre de 2012 fue el día que Albertina Bichsel volvió a nacer. Era un sábado y ella estaba en su trabajo, en la ciudad cordobesa de Bell Ville, cuando de repente irrumpió su expareja, padre de su beba de menos de un año y de quien se había separado hacía seis meses, y la cuestionó amenazante: “Qué te dije Albertina, qué te dije que te iba a hacer”. Un segundo después, sacó un revólver y le disparó dos veces: uno de los proyectiles le impactó en un brazo y el otro se alojó a dos centímetros de la carótida.

Albertina sobrevivió literalmente de milagro al ataque de Julio Rayez. Los médicos le explicaron que la bala había quedado en un lugar raro del cuello que hacía que fuera más peligroso sacarla que dejarla. En consecuencia, vive desde hace más de una década con la bala en la cabeza.

En febrero de 2014, Rayez fue condenado por la Justicia a la pena de 13 años de prisión por los delitos de homicidio en grado de tentativa, amenazas, coacción, privación de la libertad y tenencia de arma. Pero salió antes.

“A fines de 2020 le concedieron la libertad condicional y hoy ya está en libertad. Hasta pidió vincularse con su hija…”, lamentó Albertina, en diálogo con TN. Por su parte, ella formó una nueva familia y desde su lugar, como oficial de policía en la provincia de Córdoba, se dedica a apoyar y acompañar a víctimas de cualquier tipo de violencia.

Uno de los proyectiles entró por el costado derecho del cuello, debajo de la oreja, y se alojó a dos centímetros de la carótida. (Foto: gentileza Vía Córdoba).
Uno de los proyectiles entró por el costado derecho del cuello, debajo de la oreja, y se alojó a dos centímetros de la carótida. (Foto: gentileza Vía Córdoba).

Una historia violenta:  “Cuando lo conocí yo tenía 15 años y él 42″, contó Albertina. Un tiempo después iniciaron una relación y cuando ella cumplió los 19, se mudaron a vivir juntos y nació Sofía, la hija de ambos.

El noviazgo entre ellos duró tres años, pero durante la convivencia el vínculo rápidamente se resquebrajó. “Siempre medió la violencia, el abuso y las constantes amenazas, ya que yo era mucho más chica que él”, señaló la víctima.

Al principio, relató, la violencia era psicológica, pero escaló con el tiempo hasta que un día Rayez sacó su arma por primera vez. “Me decía siempre que iba a terminar muerta y que él se iba a escapar”, detalló Albertina. Tampoco permitía que su familia “viera a la beba ni que saliera a la calle sola”.

Entonces fue cuando entendió realmente el peligro que corría, se fue de su casa con Sofía y lo denunció. “Pedí ayuda porque sabía que él me iba a buscar hasta debajo de las piedras”, apuntó. Seis meses después, Rayez intentó matarla.

Albertina se fue con su beba de apenas 4 meses a vivir a lo de su mamá y empezó a trabajar en una rotisería, para poder solventar los gastos de su hija. Pero aunque trató así de alejarse de la violencia a la que la sometía su expareja, no lo consiguió. “Era salir y me lo cruzaba siempre. Salía, hacía una cuadra y me lo cruzaba”, lamentó.

Pero fue en noviembre cuando la obsesión que Rayez tenía con ella se agudizó. “Lo habían despedido de su trabajo y supongo que sintió que había perdido su poder de manipularme”, arriesgó Albertina, y agregó: “Me esperaba a la salida del trabajo en su auto y me perseguía”.

“Un día que (Rayez) tenía asignado la visita de Sofi, retiró a la nena de la casa de mi mamá y me fue a esperar con ella a la salida del trabajo”, recordó en diálogo con este medio, y añadió: “Usó a la nena como anzuelo, porque apenas me vio Sofi empezó a llorar y no me quedó otra que subirme al auto”.

Rayez quería convencerla de reanudar la relación y no escatimó recursos para conseguirlo. Le dijo que iba a cambiar, que empezaría a ir a un psicólogo, que quería alquilar una casa linda para vivir con ella, pero cuando vio que nada de esto daba resultado, le advirtió: “Volvé conmigo porque si no vas a terminar muerta, yo preso y la única perjudicada va a ser la beba”.

“Yo no iba a volver con él, pero le dije que me diera unos días para organizarme para dejarlo tranquilo”, afirmó. En cuanto él se fue, ella volvió a la comisaría y lo denunció por desobediencia a la autoridad, ya que tenía una restricción de acercamiento vigente.

Aquel episodio ocurrió un miércoles y el sábado de esa misma semana, Rayez, en lugar de esperarla en la puerta de su trabajo como otras veces, entró directamente a buscarla, dispuesto a cumplir con su amenaza.

“¿Qué te dije Albertina, qué te dije que iba a hacer”, le preguntó a los gritos, y disparó. El primer balazo le impactó en el hombro, el segundo fue el que casi la mata. “En el de la cabeza no sentí nada producto del miedo. Estuve consciente todo el tiempo, incluso cuando él me arrastraba al auto. No me explico cómo mi cuerpo se la bancó”, le contó en aquel momento la víctima al portal local Vía Córdoba.

El ataque se convirtió para ella en una secuencia de imágenes de terror. Ella gritando de dolor. Ella pidiendo auxilio. Ella en la ambulancia. Los médicos colocándole morfina para calmarla… Y aun así sobrevivió. También tuvo que aprender a vivir de nuevo, con una bala en la cabeza que le disparó el padre de su hija.

Albertina usó su experiencia para ayudar a otras víctimas de violencia. (Foto: gentileza Vía Córdoba).
Albertina usó su experiencia para ayudar a otras víctimas de violencia. (Foto: gentileza Vía Córdoba).

Resiliencia, en primera persona:  “No tuve intención de matarla”, se defendió Julio Rayez durante el juicio que se llevó a cabo poco más de un año después del hecho. La Cámara del Crimen de Bell Ville, no obstante, lo encontró responsable y lo condenó a 12 años de prisión. “Me pidió perdón durante el debate”, contó  Albertina, aunque aclaró enseguida: “Pero viniendo de un psicópata como él, solo fue una estrategia de su abogado”.

A 12 años del intento de femicidio, Rayez ya se encuentra en libertad y quiere vincularse con su hija. “Sofi no quiere saber nada de su papá, me ha pedido sacarse el apellido”, apuntó Albertina, que en estos años rehizo su vida sentimental y también volvió a ser mamá.

El apoyo psicológico que recibió fue fundamental para seguir adelante y le permitió transformar ese doloroso capítulo de su vida en una historia de resiliencia, no sólo para ella y su familia sino también para otras víctimas.

“Di charlas durante mucho tiempo sobre violencia de género en escuelas, tanto primarias como secundarias, y abordajes en distintos centros, para mostrarles a quienes sufren lo mismo que se puede salir de todos los tipos de violencia”, cerró.

 

Fuente TN

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