Iguazú _(Kelly Ferreyra) Estás grande, Iguazú. Hoy cumplís 124 años y no puedo más que mirarte con gratitud. Recordar aquel primer día que llegué a vos es volver a sentir la mezcla de miedo y esperanza que llevaba en un bolso de jean cosido por mi, y un mundo de sueños en el corazón.
Recuerdo caminar por la avenida Brasil, perdida entre la multitud, con olores que me apabullaban, sin entender demasiado, pero con la certeza de que estaba en un lugar distinto. Y fue entonces cuando te conocí de verdad. Te recorrí, te conté como nadie, te llevé conmigo en cada paso.
Fuiste abrigo en mis inviernos fríos, cuando dormía en el piso y madrugaba para caminar kilómetros hacia la radio. Fuiste brisa en los veranos calurosos que parecían interminables. Fuiste abrazo cuando la tristeza apretaba fuerte y refugio cuando más necesitaba cobijo.
Iguazú, siempre te quise. Y hoy, agradecida, vuelvo a decirte gracias por todo lo que me diste. Aunque muchas veces hablen mal de vos, aunque tambalees y a veces duela escucharte, hay quienes te cuidan, quienes te aman y quienes saben que sos única. Porque lo sos: sos especial, irrepetible, inconfundible.
Sos agua grande que corre en la frontera. Sos calle llena de voces en todos los idiomas. Sos selva que respira y hace respirar. Sos Cataratas, elegidas por millones que vienen desde los rincones más lejanos del planeta. Sos aire puro y verde intenso. Sos oportunidad para quienes llegan con sueños nuevos, como aquel que un día me trajo a tu suelo.
Hoy, a tus 124 años, solo puedo decirte que hablar de vos es hablar de vida. Que no pasás desapercibida, que siempre estás ahí, con tu fuerza, con tu belleza, con tus contradicciones y tu inmensidad.
Gracias, Iguazú, por ser mi hogar, por permitirme crecer, por enseñarme a resistir y también a soñar. Gracias por abrazarme siempre. Gracias por ser ese pulmón que nos da vida y nos recuerda que aquí, en este rincón de la frontera, también late el mundo.

