Iguazú (LaVozDeCataratas-Kelly Ferreyra) Cada 9 de octubre se celebra el aniversario de la creación del Parque Nacional Iguazú, una fecha que nos invita a reflexionar sobre el valor incalculable de este tesoro natural que Argentina protege desde 1934. Ese día, mediante el Decreto N.º 12.103, el Estado nacional oficializó la creación del Parque con el objetivo de conservar la extraordinaria riqueza biológica y paisajística de la región, declarando de interés público su preservación para las generaciones futuras.
Hoy, a 91 años de aquel histórico decreto, el Parque Nacional Iguazú no solo representa uno de los atractivos turísticos más visitados del país, sino también un símbolo de compromiso ambiental y biodiversidad. En sus más de 67.000 hectáreas, se despliega una de las selvas subtropicales más ricas del planeta, donde conviven especies únicas como el yaguareté, el oso melero, el tucán grande, los monos caí y el tapir, además de miles de especies de plantas, insectos y aves que forman parte del equilibrio vital de la ecorregión Selva Paranaense.
Sin embargo, ese equilibrio está amenazado. La expansión urbana, la caza furtiva, los desmontes y la contaminación son desafíos que ponen en riesgo la supervivencia de este patrimonio natural. Por eso, el aniversario del Parque no es solo una fecha para celebrar, sino también para tomar conciencia: cada acción cuenta, desde evitar arrojar residuos en los senderos hasta apoyar políticas de conservación y respeto por los ecosistemas.
El Parque Nacional Iguazú fue declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO en 1984, reconocimiento que refuerza su importancia no solo para Misiones o Argentina, sino para todo el mundo. Aquí, donde el agua se transforma en catarata y la selva en refugio, la vida late con fuerza y nos recuerda que somos parte de un mismo sistema.
En este nuevo aniversario, recordemos que cuidar el Parque es cuidarnos a nosotros mismos. Porque proteger su biodiversidad es garantizar que las futuras generaciones también puedan maravillarse con el rugido del agua, el canto de los pájaros y la magia inigualable de la selva misionera.

