El teatro renació en Iguazú: “Jettatore” hizo reír, llorar y aplaudir de pie

Desde el primer minuto, la sala se cargó de emociones: aplausos sostenidos, risas cómplices, abrazos entre quienes hacía años no pisaban un escenario y lágrimas discretas de orgullo. Asistieron vecinos, artistas, ex actores y actrices locales, y aquellos que alguna vez formaron parte del movimiento cultural de Iguazú y que volvieron a sentir, aunque sea por una noche, la magia de las tablas.

Iguazú (LaVozDeCataratas) En una velada llena de magia, risas y lágrimas, “Jettatore” volvió a encender el pulso teatral en Iguazú, sorprendiendo al público con una puesta íntima, talentosa y profundamente emotiva. La emblemática comedia argentina —estrenada por primera vez en 1904— recuperó su espíritu clásico, esta vez con una mirada actual y local a cargo de Javier Okseniuk, quien trabajó el humor, el ritmo y la identidad iguazuense sin perder la esencia del texto original.

“Jettatore” gira en torno a la figura del supuesto “yettatore”, esa persona a la que se le atribuye mala suerte, queriéndolo o no. En esta versión, los personajes cobraron vida en el pequeño pero vibrante espacio cultural de La Cabaña de los Muñecos, donde el “tatrito” se transformó por un rato en un universo propio, cálido y lleno de complicidad con el público.

Desde el primer minuto, la sala se cargó de emociones: aplausos sostenidos, risas cómplices, abrazos entre quienes hacía años no pisaban un escenario y lágrimas discretas de orgullo. Asistieron vecinos, artistas, ex actores y actrices locales, y aquellos que alguna vez formaron parte del movimiento cultural de Iguazú y que volvieron a sentir, aunque sea por una noche, la magia de las tablas.

La presentación dejó en claro algo que muchas veces se pasa por alto: en Iguazú hay talento, hay pasión, hay trabajo colectivo y hay una comunidad que necesita y quiere más teatro. La obra se convirtió en un recordatorio de que el arte local no solo existe: late, emociona y merece ser acompañado.

“Fue una noche inolvidable”, coincidieron muchos al salir. Y lo fue: por el reencuentro, por la entrega, por la calidad del elenco, por la dirección y por la certeza de que el teatro en Iguazú sigue vivo y tiene mucho para contar.

Felicitaciones a Javier Okseniuk y a todo el equipo de actores, que regalaron una noche única y devolvieron a la ciudad ese brillo que solo el teatro puede dar.