Iguazú (LaVozDeCataratas) En un clima cargado de emoción, gratitud y recuerdos, la escuela municipal de karate realizó su cierre anual, un encuentro que fue mucho más que la entrega de certificados: fue una celebración de valores, esfuerzo compartido y vínculos que trascienden el dojo.
El evento coronó un año intenso de trabajo, entrenamientos, torneos y aprendizajes. Días atrás, un total de 55 alumnos rindieron su examen y este cierre reunió a chicos, familias y profesores para reconocer ese camino recorrido juntos.
Durante el acto, las palabras de los alumnos resonaron con una profundidad que conmovió a todos los presentes. El agradecimiento estuvo dirigido, en primer lugar, al sensei Alfredo Meireles, a quien definieron no solo como un maestro, sino como una figura paterna dentro del karate.

“Para nosotros es como un padre: siempre presente cuando lo necesitamos, firme con sus palabras, generoso con su tiempo y constante aun cuando el cansancio se hace notar”, expresaron. Destacaron que sus enseñanzas van mucho más allá de las técnicas del karate, transmitiendo valores de vida que forjan el carácter, la humildad y la fortaleza interior. “Tal vez algunos aún sean muy pequeños para comprenderlo plenamente, pero con el tiempo entenderán que cada palabra nace del afecto y del deseo sincero de vernos crecer como personas”.
También hubo un reconocimiento especial a las familias, pilares silenciosos de este proceso. Los alumnos valoraron el tiempo, el esfuerzo y los sacrificios que implica acompañar a sus hijos: viajes, torneos, gastos y horas dedicadas. “Sabemos que no es fácil, pero la sonrisa y la felicidad de sus hijos hacen que todo valga la pena. Eso es lo que verdaderamente importa”.
El agradecimiento se extendió a las madres y padres que colaboran constantemente, ayudando a todos sin obligación alguna, sosteniendo desde el corazón a esta gran familia karateka. Y no faltó la mención especial a Melina, la primera sensei, siempre presente, alentando, acompañando y corrigiendo con paciencia y vocación. “Gracias por llevar a esta familia siempre más alto”, expresaron con afecto.
El mensaje para los compañeros y alumnos fue claro y esperanzador: no bajar los brazos, no dejar de sonreír ni de practicar este arte marcial. “El camino es largo, habrá cansancio y dudas, pero con constancia, respeto y esfuerzo los resultados llegan. Cada caída y cada levantada nos hace más fuertes, no solo en el dojo, sino también en la vida”.
Uno de los momentos más conmovedores fue la mención especial a Abril, una pequeña karateka que comenzó a entrenar desde los dos años y dejó una huella imborrable. “Fue una niña que nos llenaba de esperanza, muy querida por todos. Hoy ya no está físicamente, pero vivirá por siempre en nuestros corazones”. Recordaron su ternura, su talento y su alegría, asegurando que Abril fue, es y será siempre especial para esta comunidad.

Agustín Beling recibió su cinturón negro, coronando años de esfuerzo, constancia y fidelidad al karate. Sus compañeros lo destacaron como un ejemplo de perseverancia, un verdadero guerrero que nunca abandonó el camino, aun cuando las dificultades fueron grandes. Le re recordaron que ser karateka va más allá de los exámenes y los logros deportivos: es superarse día a día, cultivar la disciplina, el respeto y la unidad, y mantenerse fiel a los valores, «Agustín, el niño que inició este recorrido, hoy es un gran karateka, y como dice la esencia del karate, este cinturón negro no es una meta, sino el comienzo de un nuevo camino».
Con un receso previsto hasta los primeros días de febrero, la escuela ya piensa en el próximo año, sabiendo que el karate, en este espacio, es mucho más que un deporte: es una verdadera escuela de vida, sostenida por una gran familia unida por el respeto, el amor y la vocación de enseñar.
Todo lo enseñado a lo largo de los años no fue solo teoría, sino práctica viva. La organización, el respeto y la responsabilidad con la que los alumnos cinturones negros condujeron cada momento del evento reflejaron fielmente los pilares fundamentales de la escuela: disciplina, humildad, compromiso y compañerismo. Cada palabra pronunciada, cada gesto y cada detalle del acto demostraron que el karate forma personas íntegras, capaces de liderar con respeto y dar ejemplo, confirmando que los valores sembrados en el dojo hoy florecen con fuerza dentro y fuera de él.
Ver esta publicación en Instagram
Una publicación compartida por LaVozDeCataratas (@lavozdecataratasok)

