Amenazas de Tiroteos: docentes sostienen el aula en medio del temor, la sobrecarga y la falta de herramientas

Mientras crece la preocupación por amenazas en escuelas de Iguazú y los padres exigen respuestas, docentes advierten que trabajan con miedo, sin respaldo institucional ni equipos especializados, asumiendo responsabilidades que exceden su rol y sosteniendo el aula en un contexto cada vez más complejo.

Iguazú (LaVozDeCataratas) La situación que atraviesan las escuelas Iguazú y todo el país volvió a poner en foco una problemática que crece en silencio: la vulnerabilidad de los docentes frente a escenarios de violencia. A las amenazas que generan temor en las comunidades educativas, se suma una realidad que los propios educadores describen como desgastante, solitaria y cada vez más alejada de su función principal: enseñar.

“Como docentes siempre tratamos de mantener la estabilidad emocional, gestionar pensamientos de manera equilibrada y sostener una actitud resiliente ante las circunstancias. Pero somos humanos: tenemos miedo, bronca, nos sentimos solos y desamparados”, expresaron un grupo de docentes a LaVozDeCataratas.

El aula, históricamente concebida como un espacio seguro, hoy aparece atravesada por tensiones. “Nuestra seguridad no está garantizada. El aula ya no es un lugar seguro. Por una palabra o una expresión, sentimos que comienza una cacería de brujas. Somos juzgados por toda la sociedad”, señalaron.

En este contexto, el rol de las familias también aparece como un factor clave y, a la vez, complejo. Mientras crece la preocupación de los padres por la seguridad de sus hijos, los educadores advierten que muchas veces esa angustia se traduce en mayor presión hacia la escuela. Entre el reclamo legítimo y la falta de respuestas estructurales, el vínculo se vuelve más tenso y deja al docente en una posición de exposición permanente.

A esto se suma la falta de acompañamiento institucional y la delegación de responsabilidades que, aseguran, no les corresponden. “Volvemos a estar en el ojo de la tormenta. El gobierno nos tira el fardo: no nos da capacitación, solo envía cuadernillos para que demos charlas a los padres. Cualquier capacitación siempre tenemos que pagarnos nosotros de nuestro propio bolsillo”, remarcan.

La ausencia de equipos especializados es otro de los puntos críticos. “No contamos con gabinetes psicopedagógicos, que son los profesionales capacitados para abordar estos temas. Tampoco tenemos acompañamiento cuando nosotros lo necesitamos. Si estamos desbordados, tenemos que pagar un psicólogo”, agregan.

A la vez, desde el ámbito oficial se insiste en la importancia de trabajar también con las familias y reforzar la contención emocional en conjunto, en un intento de abordar una problemática que excede lo escolar. Sin embargo, en la práctica, muchos docentes sienten que ese puente con los padres queda librado a su propia capacidad y sin herramientas reales.

La sobrecarga laboral y económica completa el cuadro: capacitaciones que deben costear por cuenta propia y jornadas que no alcanzan para cubrir todas las exigencias. “Nuestros días deberían tener 25 horas para poder hacer todo lo que se nos pide”, describen.

Pese a este escenario, los docentes continúan capacitándose y sosteniendo el compromiso con sus alumnos. “Ya no nos sorprende que nos carguen con más responsabilidades. Nos formamos en todo lo que podemos, sobre todo para brindarles un mejor espacio a los chicos”, concluyen.

En este escenario, la docencia se sostiene más por vocación que por condiciones. Entre el miedo, la sobrecarga y la falta de herramientas, los docentes siguen presentes en el aula, conteniendo, enseñando y haciendo mucho más de lo que les corresponde, mientras la deuda estructural en materia de acompañamiento y seguridad continúa sin resolverse.