Día del Trabajador: María del Carmen, una vida entre telas, esfuerzo y amor por la costura

Desde los 9 años frente a una máquina de coser, crió a sus nueve hijos gracias a su oficio y hoy continúa trabajando con la misma pasión que el primer día. María del Carmen Da Silva, en diálogo con LaVozDeCataratas, recuerda: “A los 9 años ya hacía ropa, me daban todo cortado y yo me sentaba en la máquina a coser; los ruedos y los detalles los hacía a mano”.

Iguazú (LaVozDeCataratas) En el marco del Día del Trabajador, historias como la de María del Carmen Da Silva reflejan el verdadero significado del esfuerzo y la dignidad del trabajo. Con 66 años y toda una vida dedicada a la costura, su historia está marcada por la superación, el aprendizaje y el amor por un oficio que la acompañó siempre.

LaVozDeCataratas encontró a María del Carmen confeccionando ropa para muñecas, una práctica que aún se mantiene vigente y que permite cumplir el sueño de muchas niñas con prendas hechas a medida para sus muñecas.

Esta profesión se la debo a la persona que me crió”, cuenta. Su madre biológica la dio en adopción y fue quien la crió, una modista, quien le enseñó el oficio desde muy pequeña. A los 9 años ya estaba frente a la máquina de coser, dando sus primeros pasos en lo que sería su camino de vida.

Sin formación formal en sus comienzos, María del Carmen aprendió a base de práctica, observación y constancia diaria. “Me decían que fuera a estudiar, pero yo sentía que ya sabía trabajar. Está bueno tener un título, pero a mi edad ya no lo necesito”, aún así, asegura que el aprendizaje es permanente y nunca se deja de mejorar.

Con su oficio, crió a sus nueve hijos, sacándolos adelante con esfuerzo y constancia. “Le doy gracias a esta profesión, porque con esto los crié a todos”, expresa con emoción.

A lo largo de los años confeccionó todo tipo de prendas: camisas, pantalones, vestidos, polleras, adaptándose a cada necesidad. Su herramienta principal es una máquina de coser antigua, pesada, cargada de historia. “Es viejísima, pero sigue funcionando, ”, dice entre risas, recordando que fue un regalo de personas que marcaron su camino.

Aunque reconoce las limitaciones de no contar con equipamiento más moderno, como una overlock, su vocación no se detiene. Cada prenda que realiza lleva el sello de su experiencia, su dedicación y su historia personal. “Con esta máquina hice los trajes de mi hijo Lautaro”, señala con orgullo.

Hoy, con la misma humildad y pasión de siempre, María del Carmen continúa trabajando desde su hogar, demostrando que el valor del oficio no está en los títulos, sino en la constancia, el compromiso y el amor por lo que se hace.

En este Día del Trabajador, su historia representa a tantos hombres y mujeres que, desde el silencio, sostienen familias y construyen futuro con sus propias manos.