Editorial: El puente Tancredo Neves colapsa y la responsabilidad también se hace fila

Las filas no son el problema. Son la consecuencia. Son el resultado de años de desidia, de falta de inversión, de planificación ausente y de una dirigencia que siempre encontró una excusa para explicar por qué no se podía hacer. Nación culpa a Provincia, Provincia culpa a Nación, los gobiernos cambian, los funcionarios pasan y las filas siguen ahí. Iguazú no necesita más diagnósticos ni más conferencias de prensa. Necesita decisiones.

Iguazú (LaVozDeCataratas-Kelly Ferreyra)  Otra vez las filas en el Puente Tancredo Neves. Otra vez turistas esperando durante horas para ingresar a la Argentina. Otra vez trabajadores que cruzan todos los días perdiendo tiempo de su vida en una fila interminable. Otra vez taxis detenidos con pasajeros que vienen a gastar su dinero en Iguazú y se encuentran con la peor bienvenida posible.

Y otra vez la misma discusión de siempre. Que la culpa es de Migraciones, que la culpa es de Aduana, que la culpa es de Nación, que la culpa es de Brasil, que la culpa es del sistema, y así pasan los años.

Porque mientras todos buscamos culpables, nadie se hace cargo de una verdad que duele: este problema tiene décadas y nadie lo resolvió.

 Iguazú vive del turismo. Lo escuchamos en cada campaña electoral, en cada discurso y en cada acto oficial. Somos una de las principales puertas de entrada del país. Tenemos una de las Siete Maravillas Naturales del Mundo. Recibimos millones de visitantes. Somos una ciudad internacional, perfecto. Entonces alguien debería explicar cómo es posible que sigamos teniendo una infraestructura fronteriza pensada para una realidad de hace más de treinta años.

Alguien debería explicar por qué seguimos entrando y saliendo prácticamente por los mismos carriles mientras el movimiento fronterizo se multiplicó varias veces.  Alguien debería explicar por qué todos descubren el problema cuando la fila llega a Foz do Iguaçu, pero nadie habla de las soluciones cuando se apagan las cámaras.

Porque la verdad es que acá fallaron todos, los gobiernos nacionales, los gobiernos provinciales, los gobiernos municipales, los legisladores, las instituciones, y también nosotros como sociedad, durante años escuchamos que el problema correspondía a Nación,  entonces la Provincia se lavó las manos, la Municipalidad se lavó las manos, las instituciones se lavaron las manos, como si el hecho de que una competencia administrativa sea nacional impidiera gestionar, reclamar, presionar o exigir soluciones.

¿En serio nadie pensó en treinta años que una ciudad turística internacional necesitaba una infraestructura fronteriza acorde a su importancia?,  ¿En serio nadie vio venir lo que hoy estamos viviendo?, la respuesta es simple: lo vieron todos, pero resolverlo nunca fue prioridad. Porque las obras que no se inauguran rápido no dan votos, porque las gestiones complejas demandan años de trabajo, porque es más fácil anunciar que construir, porque es más fácil sacarse una foto que resolver un problema.

Y acá también hay una responsabilidad enorme de una parte de la prensa, durante años nos acostumbramos a publicar lo que los gobiernos quieren mostrar, la foto, la reunión, el anuncio, la firma del convenio, la recorrida, la promesa. Pero pocas veces nos sentamos a discutir seriamente los problemas estructurales de Iguazú. Pocas veces preguntamos qué pasó con los proyectos, pocas veces exigimos plazos, pocas veces investigamos por qué las soluciones nunca llegan. Porque hacer periodismo de verdad implica incomodar.

Ahora aparecen vecinos enojados, y tienen razón. Aparecen comerciantes preocupados, y tienen razón. Aparecen taxistas indignados, y tienen razón. Todos queremos cruzar más rápido, todos queremos que el turista llegue contento, todos queremos una frontera eficiente.

Pero también hay que decir algo que nadie quiere escuchar. Cuando hay que reclamar en serio, muchos desaparecen, cuando hay que acompañar una gestión colectiva, muchos desaparecen, cuando hay que exigir respuestas, muchos desaparecen. Porque no les gusta quién convoca, porque no coinciden políticamente. Porque prefieren mirar desde afuera, porque creen que el problema es de otro. Y mientras tanto, pasan los años.

Migraciones tiene problemas de personal. Es verdad. Los trabajadores denuncian que las jubilaciones y renuncias redujeron la capacidad operativa. Es verdad. Los sistemas biométricos exigen controles cada vez más complejos. Es verdad. Brasil tiene particularidades documentales que dificultan los procesos automáticos. También es verdad. Pero ninguna de esas verdades explica por qué seguimos discutiendo exactamente lo mismo que discutíamos hace diez, quince o veinte años.

Las filas no son el problema. Son la consecuencia. Son el resultado de años de desidia, de falta de inversión, de planificación ausente y de una dirigencia que siempre encontró una excusa para explicar por qué no se podía hacer. Nación culpa a Provincia, Provincia culpa a Nación, los gobiernos cambian, los funcionarios pasan y las filas siguen ahí, cada vez más largas. Y mientras todos discuten responsabilidades, nadie parece dispuesto a asumirlas.  Iguazú no necesita más diagnósticos ni más conferencias de prensa. Necesita decisiones. Porque la paciencia de los vecinos, de los trabajadores y de los turistas ya se agotó mucho antes que el espacio en la fila del puente.

 

Kelly Ferreyra, Periodista. Directora de LaVozDeCataratas