Iguazú (LaVozDeCataratas-Kelly Ferreyra) El domingo, tras ser localizado en el barrio Tres Lagoas, el ejemplar fue capturado mediante un operativo conjunto que reunió a especialistas del Proyecto Onças do Iguaçu, Proyecto Yaguareté de Argentina, el Parque Nacional do Iguaçu, Itaipu Binacional, Policía Ambiental y Policía Militar.
Pero hubo algo que llamó especialmente la atención: la transparencia: Desde el primer momento las instituciones informaron qué estaba ocurriendo, explicaron cada etapa del operativo y hasta difundieron imágenes de la captura. La comunidad pudo observar cómo veterinarios especializados sedaban al animal, cómo era trasladado con todas las medidas de seguridad y cuál era su estado de salud al ingresar al Hospital Veterinario del Refugio Bela Vista.
Incluso se informó que el yaguareté presentaba una importante lesión en la espalda, que se trataba de un macho adulto de entre cuatro y cinco años, que no correspondía a ninguno de los ejemplares monitoreados y que, mientras permanece en observación, recibió el nombre de Tape’ỹ, una palabra de origen guaraní que significa «aquel que perdió su camino».
Toda esa información no fue un detalle menor. Generó tranquilidad, evitó rumores y permitió que la población entendiera el enorme trabajo que realizan los equipos especializados para proteger tanto a las personas como a una especie en peligro de extinción.
La diferencia con lo ocurrido meses atrás en Iguazú resulta inevitable: Cuando el yaguareté Pará fue capturado, la comunidad esperaba exactamente eso: información. Quería saber cómo había sido el procedimiento, cuál era el estado del animal, qué especialistas participaron y cuáles eran los pasos a seguir.
Sin embargo, la información pública fue escasa, no se difundieron registros del operativo y las explicaciones oficiales nunca llegaron con la claridad que un hecho de semejante importancia merecía. Hasta hoy siguen existiendo interrogantes que nunca fueron respondidos de manera pública. Y esa es, precisamente, la diferencia.
No se trata de cuestionar el trabajo técnico de quienes participaron en la captura. Nadie duda de la capacidad de los profesionales que trabajan en la conservación del yaguareté. Lo que se cuestiona es la comunicación.
Porque cuando una institución administra un patrimonio natural tan valioso como el Parque Nacional Iguazú, la transparencia también forma parte de la conservación. Mostrar cómo trabajan los especialistas fortalece la confianza de la sociedad, combate la desinformación y permite valorar el enorme esfuerzo que implica rescatar y proteger a uno de los felinos más emblemáticos de América.
Foz eligió abrir las puertas de un operativo complejo y mostrarlo a la comunidad. En Iguazú, en cambio, el silencio dejó espacio para las dudas. Y cuando la información falta, siempre aparecen las especulaciones.
La conservación necesita ciencia, profesionales y compromiso. Pero también necesita algo igual de importante: comunicación clara, oportuna y transparente.
*Kelly Ferreyra, Periodista. Directora de LaVozDeCataratas

