Iguazú(LaVozDeCataratas) Genaro Ovidio Alarcón, “Ovi” para quienes lo conocen en Iguazú, tuvo apenas 30 días para aprender un oficio que terminaría acompañándolo durante 47 años. Era 1978 cuando comenzó a trabajar en el Hotel Internacional, en la zona de Cataratas, sin imaginar que aquel aprendizaje contrarreloj se convertiría con el tiempo en su profesión, su propio emprendimiento y finalmente en un legado familiar.
En diálogo con LaVozDeCataratas, Ovi recordó sus primeros pasos como tintorero, una actividad que desarrolló mientras atravesaba distintos trabajos y que nunca abandonó.
Todo comenzó cuando ingresó al hotel y el encargado de la lavandería le comunicó que debía aprender las tareas de un tintorero que estaba próximo a retirarse. El problema era el tiempo: tenía solamente un mes para absorber todo lo que pudiera enseñarle. “Él me enseñó durante esos 30 días que se quedaba. Ahí aprendí”, recordó.
Y aprendió. Tanto, que aquel oficio terminó acompañándolo durante prácticamente toda su vida laboral.

Del hotel a las largas jornadas en la tintorería
Después de seis años trabajando en el hotel, Ovi comenzó a desempeñarse también en una tintorería del contador Gallardo, donde se ocupaba principalmente del lavado y planchado de trajes. Durante un período sostuvo los dos trabajos. Comenzaba temprano su jornada en Cataratas y luego continuaba en la tintorería hasta aproximadamente las 20.
En 1998 surgió otra oportunidad laboral y comenzó una etapa de 16 años trabajando en un hotel. Sin embargo, ni siquiera entonces se alejó de la tintorería: cuando terminaba su jornada se trasladaba hasta Seco Rap para continuar trabajando en el oficio.
Con los años adquirió experiencia especialmente en el tratamiento de trajes y prendas delicadas, un trabajo que, según explica, tiene diferencias importantes respecto de una lavandería convencional. “En la tintorería se lavan los trajes, ropa fina. No es agua la que usa la máquina, es un producto especial”, explicó.
También recuerda una particularidad que hacía que no todos pudieran adaptarse fácilmente al trabajo: el fuerte olor de los productos utilizados. “Mucha gente no aguanta el olor, es fuerte. Pero falta costumbre nomás. Yo me acostumbré”, contó.
De empleado a tener su propia lavandería
Después de décadas trabajando para otros, en 2010 Ovi comenzó a construir de a poco su propio emprendimiento. No ocurrió de un día para otro. Fue comprando máquinas, incorporando equipamiento y reinvirtiendo lo que podía. Incluso utilizó parte de la indemnización recibida al finalizar uno de sus trabajos para adquirir nuevas herramientas y continuar haciendo crecer la lavandería.
Así, el oficio que había aprendido casi de urgencia en 1978 terminó convirtiéndose también en un proyecto propio. Pero hubo algo más: el conocimiento no quedó solamente en sus manos. Con el tiempo transmitió lo aprendido a su familia y, actualmente, ya jubilado, es su hija quien continúa al frente del emprendimiento. “Gracias a Dios, sigue trabajando mi hija ahí. Yo ya estoy jubilado”, contó.
Un oficio que continúa
A 47 años de aquellos primeros días en Cataratas, Ovi conserva especialmente el recuerdo de la persona que tuvo solamente un mes para enseñarle los secretos de la tintorería. “Fue muy lindo trabajar en tintorería. La verdad que gracias al chico que me enseñó allá en el hotel. Ahí aprendí”, recordó.
Treinta días alcanzaron para iniciar una historia de casi cinco décadas. Lo que comenzó como un aprendizaje acelerado se convirtió para Ovi en trabajo, especialización, independencia y finalmente en un oficio que hoy continúa en una nueva generación de su familia.

