Iguazú resuelve el 90% de los casos de cirugía general sin necesidad de derivaciones

En el marco del Día del Cirujano, LaVozDeCataratas dialogó con el médico cirujano Dr. Gustavo Rosas, sobre el trabajo que se realiza en el Samic Iguazú. Las urgencias más frecuentes y la responsabilidad de una profesión en la que cada decisión puede ser determinante. Aseguró que cerca del 90% de las patologías de cirugía general pueden resolverse localmente y destacó el compromiso del reducido equipo que sostiene la atención durante todo el mes.

Iguazú (LaVozDeCataratas) Detrás de las puertas de un quirófano hay mucho más que una intervención. Hay años de formación, decisiones que deben tomarse en segundos, trabajo en equipo y, fundamentalmente, la responsabilidad de tener la vida de otra persona en las manos. En el marco del Día del Cirujano, el Dr. Gustavo Rosas dialogó con LaVozDeCataratas y compartió parte de sus casi 30 años vinculados a la cirugía, pero también puso el foco en la realidad actual de Iguazú.

En Iguazú , explicó, las urgencias quirúrgicas pueden dividirse entre las de origen traumático y las no traumáticas. Entre las primeras aparecen principalmente los accidentes de tránsito y distintos tipos de lesiones, mientras que entre las segundas son habituales cuadros como peritonitis, apendicitis y úlceras perforadas.

En las cirugías programadas, en tanto, son frecuentes las patologías de vesícula y sus posibles complicaciones, además de otras enfermedades correspondientes a cirugía general.

Uno de los datos que destacó Rosas es la capacidad de resolución que actualmente tiene Iguazú. Según explicó, son pocas las patologías que deben ser derivadas a otras instituciones y estimó que alrededor del 90% de los casos correspondientes a cirugía general se resuelven localmente.

Las derivaciones quedan principalmente reservadas para determinadas patologías que requieren equipamiento específico o una capacitación altamente especializada.

Un equipo reducido para una demanda permanente

Rosas también hizo hincapié en el recurso humano disponible. Mencionó a la Dra. Karina Lavachu, cirujana general que lleva adelante el equipo quirúrgico y además cumple funciones vinculadas a la gestión, y al Dr. Paulo Herreble. Junto a Rosas conforman actualmente el grupo de profesionales que sostiene esta tarea, mientras se espera la incorporación de un nuevo cirujano.

“Es mucho lo que se hace con el personal que tenemos”, remarcó, al señalar que detrás de las demandas y reclamos que pueden surgir existe un trabajo permanente que muchas veces no llega a ser visible para la comunidad.

Según explicó, la cobertura quirúrgica debe estar disponible los 30 días del mes y las 24 horas, tanto para resolver emergencias como para colaborar con otras especialidades que requieren procedimientos en los que interviene el equipo de cirugía.

Rosas destacó especialmente la vocación de sus colegas y señaló que, pese a los recursos humanos limitados, muy pocas patologías terminan siendo derivadas.

“La responsabilidad se siente siempre”

Con casi tres décadas de experiencia, Rosas recordó que comenzó su residencia de cirugía a los 24 años, luego de finalizar la facultad. Su formación transcurrió inicialmente en el Hospital de Quilmes, donde tuvo contacto con una gran cantidad de patologías agudas y emergencias.

Uno de sus primeros pacientes fue un hombre que había recibido un disparo. Aquella experiencia, recordó, le permitió observar cómo los profesionales de mayor experiencia actuaban frente a un paciente crítico y comprender la dimensión de la especialidad que había elegido.

Con el paso de los años, aseguró, la responsabilidad no desaparece.

“La responsabilidad de lo que significa tener la vida de una persona en las manos se siente siempre”, expresó.

Y esa sensación tampoco se limita a las emergencias. Rosas también realiza cirugías pediátricas y describió lo que representa recibir a un niño cuyos padres confían en el equipo médico para resolver una enfermedad.

Para el cirujano, cada intervención representa un nuevo desafío: intentar que cada cirugía sea mejor que la anterior, independientemente de que se trate de una patología compleja o de un procedimiento considerado menor.

Incluso aseguró que con los años esa responsabilidad puede sentirse todavía más. La experiencia permite conocer mejor las posibles complicaciones y dimensionar el valor de que un paciente pueda atravesar una intervención y recuperarse sin consecuencias posteriores.

Las cirugías que quedan para siempre

A lo largo de su carrera hubo situaciones que Rosas todavía recuerda. Entre los adultos mencionó particularmente las lesiones por arma blanca que comprometen órganos vitales, debido a la velocidad y precisión con la que debe actuar el equipo.

En pediatría, en cambio, habló de las operaciones realizadas a bebés prematuros extremos de apenas 600 o 700 gramos.

Saber años después que esos niños continúan con vida y que muchos lograron desarrollarse con normalidad, más allá de posibles secuelas vinculadas a la prematurez, constituye una de las experiencias que permanecen en la memoria de un cirujano.

Rosas remarcó que en esos momentos no existe solamente la figura del médico que opera: el resultado depende de todo un equipo de quirófano, donde cada integrante tiene una función fundamental.

El quirófano detrás de los mitos

Rosas también se refirió a algunas percepciones que existen alrededor de la cirugía. Una de ellas es pensar que un profesional ingresa al quirófano sin una preparación suficiente.

Explicó que detrás de un cirujano existen años de residencia, guardias, formación intensiva y cientos de horas dentro de un quirófano. En su caso realizó ocho años de residencia correspondientes a dos especialidades, mientras que la formación de un cirujano general demanda varios años de entrenamiento específico.

También rechazó la idea de que una complicación necesariamente significa que el profesional ingresó a una cirugía y “hizo daño”. Cada paciente, explicó, presenta una enfermedad, condiciones particulares y riesgos propios que pueden influir en su evolución, aun cuando el objetivo del equipo sea siempre resolver la patología.

Otro mito tiene que ver con imaginar el quirófano como un ambiente permanentemente dramático. Rosas explicó que, aunque existen momentos de enorme tensión, los equipos buscan trabajar con calma, comunicación y concentración.

Después de tantos años, tampoco desaparece por completo la tensión antes de operar.

Rosas prefiere no definirla como “nervios”, porque la profesión exige serenidad para tomar decisiones. Pero reconoce que existe una adrenalina inevitable.

En este Día del Cirujano, sus palabras también permiten mirar hacia quienes trabajan cuando del otro lado alguien atraviesa uno de los momentos más vulnerables de su vida. Detrás del ambo, de la técnica y de las decisiones rápidas, hay profesionales que también sienten el peso de esa confianza.

Quizás por eso, después de tantos años, Rosas no habla de acostumbrarse. Habla de compromiso, de responsabilidad y de intentar que cada cirugía sea mejor que la anterior. Porque al final, más allá de la complejidad de una intervención, el objetivo sigue siendo el mismo que cuando entró por primera vez a un quirófano: resolver, cuidar y devolver a ese paciente a su vida y a los suyos.