Bailar para sentirse mejor: la historia de Elisa Fernández, integrante de El Mensú

Elisa Fernández es bailarina de Iguazú y encontró en la danza mucho más que una actividad artística: una forma de vivir, disfrutar y encontrar bienestar. Con una pasión que nació desde niña y que la acompañó a lo largo de los años, sostiene que bailar no tiene edad ni límites y que animarse puede cambiar la vida.

Iguazú(LaVozDeCataratas) “Para mí la danza es una caricia al alma”, expresa Elisa al hablar de lo que significa bailar. Para ella, cada presentación representa mucho más que una coreografía: son minutos en los que la música, el escenario y el público permiten dejar de lado las preocupaciones cotidianas.

“Uno se olvida de todo. Son dos o tres minutos de coreografía, la música, uno y el público. Para mí eso es alegría, vida”, cuenta la bailarina, quien dialogó con LaVozDeCataratas para compartir su historia y transmitir un mensaje sobre los beneficios de bailar.

Actualmente, Elisa forma parte del Ballet Folklórico Municipal “El Mensú”, donde continúa desarrollando una pasión que nació en su infancia y que se mantuvo presente a lo largo de toda su vida.

Más allá de lo artístico, Elisa considera que la danza también es bienestar y salud. “Es alegría, es bienestar, es salud. Poder bailar es maravilloso”, sostiene. Desde su experiencia, muchas veces quienes observan a una persona sobre un escenario desconocen las situaciones que atraviesa en su vida cotidiana. Sin embargo, cuando comienza la música, todo puede quedar en segundo plano.

Una pasión que nació desde niña

El vínculo de Elisa con la danza comenzó cuando era muy pequeña. “Creo que lo traigo en la sangre”, afirma al recordar una pasión que fue creciendo con el paso de los años y que la llevó a recorrer distintos ritmos.

A lo largo de su trayectoria bailó chamamé, folclore argentino y salsa, entre otros estilos. Incluso compartió esta pasión junto a su hermano, dos años menor, con quien llegó a bailar salsa en Buenos Aires.

Los carnavales también ocupan un lugar especial en su historia. Son muchas las celebraciones en las que Elisa participó y donde pudo disfrutar de aquello que la acompaña desde siempre: la música, el movimiento y el encuentro con los demás.

Su pasión también encontró continuidad dentro de su familia. Sus hijas siguieron el camino de la danza, convirtiendo esa vocación personal en una experiencia compartida entre generaciones.

“No hay edad, no hay límite”

Con los años, Elisa reafirmó una convicción que hoy busca transmitir a quienes todavía no se animan: para bailar no existe una edad determinada ni un límite establecido.

“Totalmente. Yo creo que no hay edad, no hay límite. El límite se lo pone uno”, sostiene.

Su invitación es sencilla: poner música y empezar. No hace falta estar sobre un escenario ni tener experiencia. Para Elisa, bailar puede ser una manera de sentirse mejor, liberar emociones, compartir y regalarse un momento de alegría.

“Si te gusta bailar, animate, hacelo y vas a ver cómo te cambia la vida. Bailar solo o en compañía, pero bailar. Está muy bueno”, concluye Elisa Fernández, dejando un mensaje nacido de una vida marcada por la música y una pasión que, para ella, no entiende de edades.