Llegó por tres días y encontró su proyecto de vida en las 2.000 Hectáreas

Llegó junto a su familia en 2003, en medio de dificultades económicas y pensando quedarse apenas unos días. Más de dos décadas después, Andreia Capelari Dos Santos hizo de la chacra, la agroecología y la elaboración de alimentos un proyecto de vida que hoy también conecta a productores de las 2.000 Hectáreas con las familias de Iguazú.

Iguazú (LaVozDeCataratas) Andreia Capelari Dos Santos, llegó a las 2.000 Hectáreas en 2003 junto a su esposo y sus dos primeros hijos, en un momento atravesado por dificultades económicas y familiares. En diálogo con LaVozDeCataratas, recordó aquel comienzo y el camino que la llevó a convertir la chacra en su forma de vida.

Su esposo estaba desempleado y ella había perdido su trabajo luego de una internación por la pérdida de un embarazo. En ese contexto, decidieron pasar unos días en la chacra de su padre, quien ya había comenzado a trabajar la tierra. La vivienda todavía estaba en construcción y la intención era quedarse solamente unos días.

“Esos tres días se transformaron en tres años”, recuerda Andrea al hablar de aquel comienzo.

La familia terminó la casa, amplió los cultivos y comenzó a aprender a trabajar la tierra junto a vecinos de la zona. En 2005, Andrea comenzó a participar de un grupo acompañado por técnicos del Programa Social Agropecuario (PSA), a través de la Pastoral Social de la Diócesis de Iguazú, y también se incorporó a la Feria Franca, que por entonces funcionaba en la Plaza de los Niños.

Ese proceso marcó un cambio en la manera de producir. Comenzaron a trabajar desde una perspectiva agroecológica, una práctica que Andrea sostiene hasta la actualidad y que hoy desarrolla dentro del sistema de certificación participativa de agroecología provincial.

En 2006, la familia logró comprar la mejora de un vecino y pudo contar con su propia chacra. Desde entonces, Andrea continuó capacitándose en distintas prácticas agroecológicas, salud y bienestar comunitario, formación ciudadana y producción.

Una chacra que se convirtió en proyecto de vida

La historia familiar también estuvo atravesada por las dificultades para acceder a la educación. En distintas oportunidades tuvieron que regresar a vivir a la ciudad porque no había escuela en la zona o porque las condiciones y los horarios del transporte dificultaban que sus hijos pudieran asistir.

En 2018, cuando los chicos ya habían crecido y las condiciones eran diferentes, la familia regresó definitivamente a la chacra. Actualmente, sus hijos menores estudian en la EFA San Jorge de Wanda.

A lo largo de estos años, Andrea también participó de distintas organizaciones vinculadas al trabajo rural, entre ellas ACTRI, la Feria Franca, grupos de trabajo y la Asociación Civil 2.000 Hectáreas. Actualmente forma parte de MAYS, Monte que Alimenta y Sana.

La chacra es diversa y permite producir durante distintas épocas del año. Entre los cultivos se encuentran mandioca, zapallo, choclo, berenjena, tomate, pepino y sandía, además de hortalizas y frutas de temporada. También cuentan con un vivero de plantas ornamentales y aromáticas.

Uno de los principales trabajos de Andrea es transformar la producción primaria para darle valor agregado. A través de las capacitaciones recibidas aprendió a elaborar y conservar productos de temporada.

Desde hace aproximadamente 16 años produce dulces, mermeladas y pickles, una actividad que se convirtió en uno de sus principales productos. Actualmente busca finalizar una diplomatura en Valor Agregado en la Universidad Nacional de Misiones (UNaM).

De la chacra a la comercialización en Iguazú

El trabajo de Andrea continúa más allá de la producción. Actualmente, el grupo MAYS cuenta con un espacio de comercialización ubicado en la esquina de Papa Francisco y avenida Néstor Kirchner, que funciona de lunes a sábado, de 8:30 a 12:30.

Además, los sábados por la tarde realizan una feria abierta con participación de otros productores, emprendedores y artesanos, generando un espacio donde los alimentos y productos elaborados en las chacras llegan directamente a los consumidores.

De esta manera, el trabajo que comienza con la preparación de la tierra y el cuidado de los cultivos continúa con la elaboración de alimentos y finalmente llega a las familias de Iguazú a través de la comercialización.

La historia de Andrea comenzó en un momento de incertidumbre, cuando una familia buscaba una alternativa frente a una situación difícil. Aquellos tres días que parecían ser una pausa terminaron convirtiéndose en más de dos décadas de aprendizaje, producción y trabajo.

Hoy, la chacra representa mucho más que un lugar donde producir: es el resultado de una historia construida con esfuerzo, convicción, agroecología y compromiso con la comunidad.