Iguazú (LaVozDeCataratas) El mensaje puede llegar en cualquier momento. “Hola, soy tu hijo, cambié de número porque se me rompió el celular”. También puede aparecer una llamada anunciando un beneficio, un supuesto turno, un descuento, una compra que nunca se realizó o incluso alguien que asegura que determinados billetes perderán valor.
Los argumentos cambian, pero detrás de muchos de esos contactos aparece el mismo objetivo: generar confianza, instalar una sensación de urgencia y conseguir que la persona entregue información o transfiera dinero antes de comprobar qué está ocurriendo.
Las estafas a través de celulares y redes sociales se multiplican y las modalidades se renuevan constantemente. En Iguazú, como en el resto de Misiones, cualquier usuario puede convertirse en destinatario de estos mensajes, por lo que reconocer las señales de alerta se vuelve cada vez más importante.
Una de las maniobras más conocidas comienza con un mensaje desde un número desconocido. El estafador se presenta como un hijo, hija u otro familiar y asegura que tuvo que cambiar de teléfono. Después de algunos intercambios llega el verdadero objetivo: pedir una transferencia urgente, pagar una supuesta deuda o enviar dinero a otra cuenta.
El apuro es parte fundamental del engaño.
También aparecen falsos subsidios de energía, supuestos beneficios, turnos de organismos, promociones o descuentos. Mediante llamadas, mensajes de WhatsApp o enlaces enviados al celular, los delincuentes intentan conseguir datos personales, información bancaria o códigos de seguridad.
Otra modalidad que continúa vigente es el denominado “cuento del tío”, que suele tener entre sus principales víctimas a adultos mayores. Los delincuentes pueden hacerse pasar por familiares, empleados bancarios o representantes de alguna institución y plantear una situación que requiere una respuesta inmediata.
Entre los engaños también se encuentran cuentas de WhatsApp robadas, falsos comprobantes de transferencias, supuestas oportunidades de inversión, ofertas de trabajo desde casa, alquileres inexistentes y estafas sentimentales.
Las maniobras incluso se adaptan al momento. Una campaña de vacunación, un beneficio anunciado públicamente, la temporada turística, la búsqueda de alquileres o una promoción comercial pueden transformarse rápidamente en el argumento utilizado para intentar engañar.
Antes de transferir, verificar
Frente a un mensaje inesperado, detenerse unos minutos puede marcar la diferencia. Si alguien asegura ser un familiar que cambió de número y solicita dinero, lo recomendable es llamar al teléfono que siempre utilizaba esa persona o comunicarse con otro integrante de la familia.
Nunca deben compartirse códigos de verificación recibidos por SMS o WhatsApp, contraseñas, claves bancarias ni datos sensibles.
Cuando alguien envía un comprobante de transferencia, tampoco alcanza con mirar la captura de pantalla: el dinero debe verificarse directamente desde la aplicación o plataforma bancaria propia.
También hay que desconfiar cuando del otro lado aparece una presión constante: “hacelo ahora”, “es urgente”, “no cortes”, “pasame el código”. La urgencia busca evitar justamente aquello que puede derrumbar la estafa: que la víctima tenga tiempo para pensar y comprobar.
Los métodos pueden cambiar de un día para otro. Hoy puede ser un familiar que perdió el teléfono; mañana, un subsidio, una compra o una promoción irresistible.
El argumento cambia. La estrategia, casi siempre, es la misma: aprovechar una necesidad, una preocupación o la confianza de la persona para conseguir que actúe antes de verificar.
