“Vos decís ‘cáncer’ y te miran como si fuese que estás adentro de un cajón”: las historia de Emma y Ofelia

Emma enfrentó el cáncer de mama hace más de una década y, años después, Ofelia debió recorrer un camino similar. Ambas realizaron sus tratamientos y recibieron resultados favorables. Hoy viven juntas y comparten una historia marcada por los cambios que deja la enfermedad, los vínculos y el valor de sentirse acompañadas. En el Mes Rosa, Emma insiste en un mensaje nacido de su propia experiencia: “El consejo principal es que se hagan los estudios”, porque no todos los nódulos pueden detectarse mediante el tacto.

Iguazú (LaVozDeCataratas) Emma y Ofelia son hermanas. Las dos saben qué significa escuchar la palabra cáncer, atravesar tratamientos y esperar el resultado de un estudio. Sus historias ocurrieron en momentos diferentes, pero terminaron uniéndolas de una manera que ninguna hubiera imaginado.

Ambas atravesaron un cáncer de mama, realizaron los tratamientos indicados y posteriormente recibieron resultados favorables. Hoy continúan con sus cuidados y controles médicos, pero lo vivido dejó marcas que no necesariamente aparecen en un estudio.

En diálogo con LaVozDeCataratas, Emma recordó que su historia comenzó alrededor de 2014. Durante aproximadamente un año atravesó diferentes etapas del tratamiento, entre ellas la quimioterapia, hasta llegar posteriormente a estudios que arrojaron resultados favorables.

Además de afrontar la enfermedad, recuerda las dificultades que encontró con la cobertura de su obra social, tanto por prestaciones que no siempre eran cubiertas en su totalidad como por las demoras para acceder a determinados turnos.

Para alguien que acaba de recibir un diagnóstico de cáncer, explicó, la espera puede convertirse en una angustia adicional: aparece la sensación de que el tiempo apremia y que cada día cuenta. En medio de todo aquello había alguien que la impulsaba a continuar: su hijo.

Mirarlo, contó, significaba encontrar una razón para seguir incluso durante los momentos más difíciles. Tampoco estuvo sola. Su hermano y Ofelia estuvieron a su lado durante aquel proceso.

Años después, los roles se invirtieron

Con el paso del tiempo, sería Ofelia quien tendría que recorrer un camino similar. Esta vez Emma estaba del otro lado. Conocía muchos de los miedos que comenzaban a aparecer. Sabía qué significaba esperar un resultado, atravesar un tratamiento y descubrir que actividades completamente cotidianas podían dejar de ser sencillas. “Cambió mi vida en todo”, resumió Sofía al recordar lo que significó atravesar la enfermedad.

Emma puso en palabras algunas de esas transformaciones: “Cambia la vida, cambia la alimentación, cambia tu comportamiento, cambia tu pensamiento”. Porque después de un diagnóstico no solamente aparecen médicos, estudios y tratamientos. También cambia la organización de una casa, las comidas, las salidas, las tareas cotidianas y hasta la manera de pensar el futuro.

Emma, además, sabía por experiencia propia cuánto podía significar la ayuda de otra persona. Cuando ella atravesó la enfermedad, Graciela, una compañera de trabajo, permaneció a su lado y la ayudó durante el proceso, especialmente con los numerosos trámites que debía realizar. Años después, cuando Ofelia necesitó ayuda, Emma hizo por su hermana aquello que alguna vez alguien había hecho por ella: estar.

El tratamiento de Ofelia presentaba además otras dificultades, debido a problemas de salud preexistentes que debían ser considerados por los profesionales durante su atención.

Hasta entonces, las hermanas vivían en casas diferentes. A partir de los problemas de salud de Sofía, la dinámica familiar cambió y comenzaron a vivir juntas.

“Te miran como si estuvieras adentro de un cajón” Ofelia  también habló de una parte de la enfermedad que muchas veces permanece fuera de las consultas médicas: la reacción de quienes están alrededor. “Vos decís ‘cáncer’ y ya todos te miran como si fuese que estás adentro de un cajón”, expresó.

Durante la charla relató que algunos vínculos cambiaron y que hubo personas que comenzaron a tomar distancia. Una experiencia que, para las hermanas, demuestra que una enfermedad puede modificar no solamente el cuerpo y las rutinas, sino también las relaciones.

Emma encontró un sostén importante en un pequeño círculo de personas que permaneció cerca, incluso a través de mensajes y redes sociales.

“Desde que empecé con esto tengo un grupo selecto, pero siempre están fortaleciéndome, siempre con mensajes. Eso es lo importante”, contó.

A veces puede parecer un gesto pequeño. Para quien está atravesando el miedo, la incertidumbre o simplemente un día difícil, saber que alguien está del otro lado puede adquirir un enorme valor.

“El consejo principal es que se hagan los estudios” En pleno Mes Rosa, Emma tiene claro cuál es el mensaje que quiere transmitir a otras mujeres a partir de su propia experiencia. “El consejo principal es que se hagan los estudios”, afirmó.

Para ella, el autoexamen es importante, pero no reemplaza los controles y estudios médicos. Su propio caso le enseñó que una alteración no necesariamente puede advertirse mediante el tacto.

“Porque ese ‘tocate para que no te toque’, muchas veces no es así. El nódulo puede estar abajo de la mama, de las glándulas mamarias, como a mí me tocó”, explicó.

Por eso insiste en no postergar los controles y realizar los estudios indicados por los profesionales de la salud.

A ese mensaje suma otro que aprendió durante su propio recorrido: “No bajar los brazos. Quererse, valorarse, respetarse”.

Hoy Emma y Sofía pueden contar sus historias desde un lugar diferente al de aquellos primeros días. Atravesaron sus respectivos tratamientos y recibieron resultados favorables, aunque no olvidan todo lo que ocurrió durante el camino.

En este Mes Rosa, su experiencia recuerda que detrás de cada campaña de prevención hay mujeres, familias, amigos y vínculos que también atraviesan la enfermedad. Y deja dos mensajes: realizarse los estudios y no postergar los controles, pero también no dejar sola a la persona que está transitando ese camino.

Porque acompañar no siempre significa saber qué decir. A veces significa algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, fundamental: estar.