Iguazú (LaVozDeCataratas – Kelly Ferreyra) La guardia del Hospital SAMIC de Iguazú es, para muchos, la primera y a veces la única puerta de acceso a la atención médica. Pero detrás de cada consulta hay una realidad compleja que pocas veces se ve: médicos agotados, guardias saturadas y un clima de tensión creciente que, en los últimos tiempos, ha derivado en agresiones hacia el personal de salud.
LaVozDeCataratas estuvo en la guardia y dialogó con profesionales que, entre el compromiso y el cansancio, expresaron su preocupación por el aumento de la demanda y la falta de comprensión de muchos pacientes.
«Con la situación económica actual, cada vez más personas, de todas las clases sociales, vienen al hospital. Hay horarios en los que la guardia colapsa, y la gente no entiende que muchas veces hay un solo médico para adultos en 12 horas de trabajo».
Una guardia colapsada
En promedio, un médico de guardia atiende entre 40 y 50 pacientes en una sola jornada, sin contar las urgencias en otros sectores del hospital. «Si pasa algo en internación, tenemos que ir nosotros, y eso genera demoras afuera. Quienes tienen patologías graves son prioridad, y para eso existe el triage, pero muchos no lo aceptan», explican.
El triage es un sistema que clasifica a los pacientes según la gravedad de su cuadro, dejando de lado el orden de llegada. Sin embargo, este cambio ha generado malestar y, en algunos casos, episodios de agresión verbal y física hacia los médicos. Hemos visto médicos mequebrarse por la falta de empatía. Entrás a atender y la persona ya viene de mal humor, les tratan mal, como si no estuvieran haciendo nada.
Condiciones que no crecen al ritmo de la ciudad
El hospital cuenta con 18 camas en clínica, 8 en terapia intensiva, 10 en traumatología y pocas más en cirugía. Con una población en crecimiento, la infraestructura no se ha ampliado al mismo ritmo. Esto obliga a dar altas diarias para liberar camas y poder internar nuevos pacientes, decisión que a veces genera conflictos con las familias.
«Si tuviéramos 50 camas, internaríamos a todos los que lo necesitan sin problema. Pero no podemos. Y esto nos pone, injustamente, como los ‘malos de la película’», señalan.
Vocación que resiste
A pesar de las dificultades, la mayoría de los médicos que hoy trabajan en el SAMIC no son oriundos de Iguazú. Llegaron por vocación y con la esperanza de que el sistema crezca. Sin embargo, la falta de respeto, las denuncias infundadas y los escraches en redes sociales desgastan.
«No venimos a hacernos ricos. Afuera podríamos ganar más, pero elegimos el hospital porque queremos que esto funcione. Lo único que pedimos es respeto, paciencia y empatía», concluyen.
Esta es una realidad que interpela a toda la comunidad: cuidar a quienes nos cuidan es también nuestra responsabilidad. Porque un médico agotado, maltratado y desmotivado no solo es una injusticia, sino un riesgo para el derecho a la salud de todos.

