Día del Ferretero: la historia de Don Celso y Doña Clorinda, pioneros de la primera ferretería en Iguazú

“Mi papá conoció a mi mamá en la entrada de Villatacuara, donde mi abuelo tenía un barcito que se llamaba El Mbiguá". Lo que comenzó como un gesto solidario hacia los vecinos terminó convirtiéndose en la primera ferretería de Iguazú. En el mes aniversario de Iguazú LaVozDeCataratas recuerda a quienes con esfuerzo y visión dieron los primeros pasos en un rubro fundamental para la comunidad de Iguazú.

Iguazú (LaVozDeCataratas) En el Día del Ferretero, LaVozDeCataratas recuerda a quienes con esfuerzo y visión dieron los primeros pasos en un rubro fundamental para la comunidad de Iguazú. La historia comienza con Don Celso Shereiner y Doña Clorinda Insaurralde , quienes levantaron lo que se considera la primera ferretería de la ciudad que abrió sus puertas en el año 1955.

Su hijo, Ricardo “Cabo” Shereiner, compartió a LaVozDeCataratas cómo se forjó aquel sueño familiar:

“Mi papá conoció a mi mamá en la entrada de Villatacuara, donde mi abuelo tenía un barcito que se llamaba El Mbiguá. Allí llegaban todos los que venían en barco a Iguazú, iban a beber, a jugar al billar. En ese lugar empezó su historia de amor”.

Don Celso trabajaba en el puerto, haciendo changas, mientras Doña Clorinda vendía empanadas y bollos. El destino dio un giro inesperado cuando una rifa cambió sus vidas:

“Un día mi papá quiso comprar una rifa de un auto, un Cayce Carabella, que en aquel tiempo era como un Audi de hoy. Mi mamá no quería, pero él igual se las ingenió… y ganó. Le trajeron el auto en barco desde Buenos Aires, porque ni ruta había todavía. Lo primero que hizo fue venderlo a mi tío Pancho Queiroz, que le pagó con un camión. Así comenzó a llevar madera a Eldorado por caminos de tierra”.

Ese camión sería el punto de partida. Cada vez que Don Celso viajaba con madera, amigos y vecinos le pedían encargos: “un foquito, una llave, un inodoro, un alambre, bolsas de cal o cemento”. Poco a poco, esos pedidos se multiplicaron, hasta que la familia comenzó a traer y vender materiales de manera sistemática.

“Así fue creciendo. Mi mamá atendía en la casa y mi papá hacía los reparos. La ferretería estaba en la Avenida Misiones, y yo nací ahí, en medio de esa historia”, recuerda su hijo.

Lo que comenzó como un gesto solidario hacia los vecinos terminó convirtiéndose en la primera ferretería de Iguazú, un emprendimiento que abrió camino a muchos otros y que hoy, en su día, merece ser recordado como parte de la memoria viva de la ciudad.