Iguazú (LaVozDeCataratas-KellyFerreyra) Podemos echar culpas a unos y otros, pero la verdad es más simple: no supimos cuidarlos. A pesar de campañas, notas en los medios y pedidos constantes de colaboración, los ecopuntos se transformaron en lugares de abandono, incluso donde se tiraban animales muertos. Eso no habla de falta de recursos, sino de falta de cultura ciudadana.
En otras ciudades los ecopuntos funcionan porque la gente respeta las normas, separa sus residuos y colabora. Aquí seguimos discutiendo de quién es la culpa, sin asumir que la basura es nuestra, que somos nosotros quienes debemos aprender a separar húmedos y secos, a no sacar la bolsa en cualquier horario y a cuidar los espacios comunes.
La limpieza y el orden son reflejo de una comunidad. Podemos admirar ciudades limpias cuando viajamos, pero en casa tiramos basura en las esquinas. Los que hacemos el esfuerzo de mantener limpio nuestro patio, vemos cómo un vecino lo ensucia al lado. Eso no es falta de servicios, es falta de compromiso.
Los ecopuntos no fracasaron en sí mismos: fracasamos nosotros como sociedad al no cuidarlos. Y mientras sigamos echando la culpa al otro, difícilmente podamos hablar de sostenibilidad real.

