Iguazú (LaVozDeCataratas) En una provincia donde el folclore y la naturaleza suelen ocupar el centro de la escena cultural, una pareja decidió abrir espacio para otro lenguaje del alma: el tango.
Cristian Galarza y Melina Botana combinan experiencia, dedicación y una historia compartida que une el arte con la sanación. Él, con más de 20 años como bailarín profesional de tango y profesor de danzas folklóricas; ella, con una vida dedicada a la danza terapéutica y armonizadora. Desde hace seis años son compañeros de vida, y desde 2022, también compañeros de escenario y docencia.
El inicio de un camino compartido
Melina conoció el tango gracias a Cristian, quien le enseñó los primeros pasos. “Mi primer contacto con el tango fue con mi abuelo —contó a LaVozdeCataratas—, él era director de orquesta, compositor y pianista de tango. Me crié escuchando las radios de tango, los programas de Vergara Leumann y los Grandes Valores del Tango. Pero recién en Misiones volví a acercarme a esa música”.
Tras la pandemia, y luego de perder sus trabajos estables, ambos se mudaron a Puerto Esperanza, donde nació el proyecto que hoy los define. “Cristian me enseñó los primeros pasos, y a partir de ahí unimos el tango con la danza-terapia. Entendimos que el tango no es solo técnica: es conexión, equilibrio, coordinación y también bienestar emocional”, relató Melina.
Tango y salud emocional
Desde 2022, la pareja lleva adelante clases grupales, particulares, talleres municipales y presentaciones en distintas localidades de la provincia: Puerto Esperanza, Eldorado, Wanda, Libertad e Iguazú. Su objetivo es acercar el tango como una herramienta de expresión, conexión y salud emocional.
“Cuando la gente baila, no solo se mueve el cuerpo —explica Melina—. Se mueven emociones, historias, memorias. El tango enseña a confiar, a entregarse, a escuchar. Es una forma de terapia en movimiento.”
Una misión tanguera en Misiones
En una provincia donde “cuesta que la gente se acerque al tango”, como reconocen, Cristian y Melina trabajan para generar interés y romper con el mito de que el tango es solo porteño. “El tango es parte del folclore argentino, no solo de Buenos Aires. Es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y se baila en todo el mundo”, destacan.
Durante 2023 y 2024 participaron en programas culturales municipales y en espectáculos locales, donde además de bailar, invitan al público a vivir la experiencia: “Nos gusta que no sea solo un show, sino algo participativo. Que el público suba, camine, sienta la música. Muchos luego nos escriben contándonos que cuando regresan a sus ciudades comienzan a tomar clases”, dice Melina.
Formación y proyección
Hoy, mientras continúan con sus presentaciones profesionales en Iguazú, Melina cursa el Profesorado Nacional de Tango, con capacitaciones presenciales y virtuales en Buenos Aires y Salto.
“Empecé a bailar tango a los 44 años —cuenta—, y eso quiero que quede claro: no hay edad para aprender. El tango es un aprendizaje para siempre. Hasta los grandes maestros siguen estudiando. Eso es lo mágico: nunca se termina de descubrir.”
El baile, la vida y la conexión
La historia de Cristian y Melina es, en esencia, una historia de encuentros: con el otro, con el cuerpo, con la música y con uno mismo. Entre pasos, giros y abrazos, transformaron la danza en un lenguaje compartido que combina arte, disciplina y amor.
“Lo que hacemos no es solo enseñar tango: es sembrar conexión humana, una milonga a la vez.”
Ver esta publicación en Instagram
Una publicación compartida por LaVozDeCataratas Turismo (@lavozdecataratas_turismo)

