La pitaya también es experiencia: la chacra de José suma valor al turismo rural en Iguazú

Con 400 plantas y varias variedades, el productor apuesta a la fruta recién cosechada. En Iguazú, la pitaya dejó de ser una fruta exótica para convertirse en parte del paisaje productivo local: frescura, cercanía y sabor directo de la chacra a la mesa, en una experiencia que suma identidad al turismo rural del destino.

Iguazú (LaVozDeCataratas) Conocimos a José allá por el 2023 cuando lo entrevistamos por primera vez, cuando apenas comenzaban a conocerse sus famosas frutas del dragón… lejos del circuito tradicional, la producción de pitaya de José  se convirtió en una propuesta que combina agricultura, identidad local y contacto directo con el productor.

Con 400 plantas distribuidas en 13 variedades, su chacra no solo genera fruta fresca sino también una experiencia que despierta curiosidad entre visitantes y vecinos. La producción comienza al año y medio, y las plantas actuales —con tres años— pueden rendir entre 60 y 70 frutos por ejemplar, con floración entre septiembre y noviembre y cosecha consolidada hacia diciembre.

Entre las variedades más productivas se destacan la Morea Oregida y la Golden Israel. Esta última, de cáscara amarilla y pulpa blanca, es especialmente valorada por su dulzura y rendimiento. La variedad colorada, en tanto, se distingue por su intensidad visual y versatilidad gastronómica.

En términos nutricionales, la pitaya es una fruta rica en vitamina C, fibra y antioxidantes naturales. Su alto contenido de agua la convierte en una opción hidratante y de bajo aporte calórico.

En el plano culinario:

  • La pitaya roja —de pulpa blanca o roja— es ideal para jugos, smoothies y bowls saludables.

  • La variedad amarilla se disfruta principalmente fresca o en postres naturales.

  • La pulpa roja también se utiliza como colorante natural en preparaciones veganas.

José trabaja a pedido: el cliente llama, él cosecha en el momento y entrega fruta recién cortada. Ese modelo de cercanía y frescura es su diferencial frente a la fruta importada, que muchas veces se cosecha anticipadamente para soportar traslados largos.

En un destino reconocido mundialmente por sus cataratas, iniciativas como esta amplían la experiencia turística hacia el campo, promoviendo producción local, alimentación saludable y contacto directo con quien cultiva la tierra.