Iguazú (LaVozDeCataratas) Cuando se habla del Parque Nacional Iguazú, la imagen inmediata suele ser la imponente Garganta del Diablo y la fuerza de sus saltos. Pero lejos del estruendo del agua, existe otra postal más silenciosa y natural: la vida silvestre que habita sus ríos y selva.
En el marco de una recorrida de prevención contra la pesca furtiva, personal del Departamento Guardaparques registró una escena que resume esa otra cara del área protegida: una manada de carpinchos disfrutando de un baño en las aguas del río Iguazú.

El carpincho, cuyo nombre científico es Hydrochoerus hydrochaeris, es el roedor más grande del mundo y una de las especies emblemáticas del ecosistema local. De hábitos semiacuáticos y alimentación herbívora, suele desplazarse en grupos que pueden ir de dos a treinta individuos, manteniendo una organización social marcada y una fuerte adaptación al ambiente ribereño.
En Argentina, la especie se distribuye en múltiples ecorregiones, entre ellas la Selva Paranaense, las Yungas, el Chaco Seco y Húmedo, los Esteros del Iberá, el Delta e Islas del Paraná, el Espinal, la Pampa y Campos y Malezales. En Iguazú, su presencia confirma la riqueza y el equilibrio ambiental que caracteriza al parque.

La imagen captada por el guardaparque Denis Wutzke no solo refleja un momento cotidiano de la fauna, sino también el trabajo constante de control y conservación que se realiza en el área protegida. Mientras el turismo se concentra en los circuitos tradicionales, guardaparques recorren el territorio para prevenir actividades ilegales y resguardar la biodiversidad.

Esa es, quizás, la otra gran catarata de Iguazú: la vida que fluye en silencio, más allá de los saltos, sosteniendo un ecosistema que late todos los días, incluso cuando nadie lo está mirando.

