Mujeres cartoneras: Entre calor, residuos y esperanza, transforman el reciclaje en sustento

En el marco del Día Internacional de la Mujer, LaVozDeCataratas visitó la cooperativa de cartoneros y recicladores de Iguazú, donde el trabajo femenino se convirtió en el verdadero motor de la organización. De los 30 integrantes, cerca de 20 son mujeres, muchas de ellas madres solteras que encontraron en el reciclaje una forma digna de salir adelante.

Iguazú (LaVozDeCataratas) En medio de los 36 grados de calor de un jueves cualquiera en Iguazú, cuando el aire pesado anuncia la tormenta que se acerca, algunas mujeres llegan al depósito con sus bebés en brazos. No hay pausa. El trabajo espera.

Nadie conoce del todo sus historias personales, ni las batallas silenciosas que cada una libra fuera de esas paredes. Pero hay algo que sí se ve: la decisión de no quedarse quietas. La lucha diaria por sostener a sus familias tiene una fuerza que pocos perciben, pero que se respira en cada rincón de la cooperativa.

En el marco del Día Internacional de la Mujer, LaVozDeCataratas visitó la cooperativa de cartoneros y recicladores de  Iguazú, donde el trabajo femenino se convirtió en el verdadero motor de la organización. De los 30 integrantes, cerca de 20 son mujeres, muchas de ellas madres solteras que encontraron en el reciclaje una forma digna de salir adelante.

Andia Rojas Marlene, referente del movimiento y trabajadora de la cooperativa, explica que cada jornada implica diferentes tareas dentro del proceso de recuperación de materiales.

“La mayoría somos mujeres y madres solteras que estamos trabajando adentro de la cooperativa”, cuenta.

El trabajo comienza temprano, con la recolección diferenciada de residuos reciclables en distintos sectores de la ciudad. Gran parte del material proviene de las 600 Hectáreas, hoteles y la zona céntrica, donde vecinos y establecimientos separan cartones, botellas y otros elementos reutilizables que luego llegan al depósito.

Para que el proceso funcione, los residuos deben entregarse limpios y secos. Una vez en la cooperativa comienza la etapa de clasificación: allí se separan botellas blancas, verdes y celestes, además de cartones y otros reciclables.

Después llega el momento de compactar. Las botellas se agrupan en fardos que pesan entre 160 y 180 kilos, mientras que el cartón se prensa en paquetes aún más grandes, de 350 a 400 kilos, listos para su comercialización.

Marlene remarca que dentro de la cooperativa no hay diferencias entre tareas de hombres y mujeres.

“Acá no hay diferencia entre mujer u hombre, hacemos todo. Las mujeres también clasificamos, prensamos y trabajamos en todo el proceso”, explica.

El único rol que por ahora no desempeñan es el de conducir el camión recolector, tarea que actualmente está a cargo de un chofer.

En una actividad históricamente marcada por la informalidad y la precariedad, las mujeres de la cooperativa se convirtieron en el corazón del trabajo diario. Con organización, esfuerzo y compañerismo, sostienen no solo la tarea del reciclaje, sino también a sus familias.

Mientras separan botellas y cartones, están haciendo algo más que reciclar: están transformando residuos en oportunidades, y demostrando que, incluso en los trabajos más invisibles, hay historias de coraje que también merecen ser contadas.