Iguazú (LaVozDeCataratas) El cierre del Instituto Nacional de Medicina Tropical mediante un decreto en julio del año pasado, generó un fuerte rechazo en la comunidad científica, debido a que eso implicó la destrucción de un sistema de investigación y prevención en salud pública construido durante más de una década. El INMET cumplía un rol estratégico clave, especialmente por su ubicación en una zona periférica, subtropical de triple frontera. Allí se desarrollaban estudios sobre enfermedades como dengue, leishmaniasis, hantavirus y fiebre amarilla, con fuerte trabajo territorial.
El caso abrió un debate ya que además el cierre fue de manera repentina y sin previo aviso, en el momento de la disolución el equipamiento de alta complejidad y parte de la infraestructura fue trasladada a Buenos Aires, el edificio inaugurado en el año 2022, quedó en desuso y abandonado. Parte de los trabajadores fueron despedidos y otros reubicados, estos últimos recibieron la noticia de la resceción de su contrato los últimos días de marzo.
«Los trece agentes que quedaban quedaron desempleados desde este primero de abril, se enteraron de la rescisión de los contratos la tarde del 31 de marzo y ahora están buscando trabajo, muchos de ellos profesionales especializados, eso también cuenta como inversión pública desperdiciada» relató a LaVozDeCataratas, Daniel Salomón, ex Director del Instituto.
«El impacto personal y en la dilapidación de inversión pública durante todas las gestiones de 2011 a 2023 en infraestructura, equipamiento y formación de recursos humanos es enorme, hoy incalculable, pero el mayor impacto en la destrucción de la investigación científica, la educación y la salud pública se sentirá en un futuro próximo. La reconstrucción de nuestra sociedad deberá hacerse a partir de los escombros que deje la financierización» resaltó.
Por su parte, Daniela Lamattina, científica que investigaba leishmaniasis y enfermedades transmitidas por garrapatas, relató que también el despido fue despiadado y sorpresivo «el 31 de marzo nos mandaron la rescisión de los contratos a 13 de nosotros, teníamos contrato firmado hasta el 31 de diciembre«. Consultada sobre el destino de esos trabajadores, señaló que no tienen asegurada la estabilidad laboral, ya que ninguno de los organismos en los que fueron reubicados ofreció contratarlos como parte de su staff, por lo tanto han quedado desmsempleados.
«Solo a una compañera, puede que la contraten en el Hospital, pero es una posibilidad remota» aseguró a LaVozDeCataratas.
En ese sentido, lamentó la situación teniendo en cuenta que «el cierre del INMeT y el despido de sus trabajadores significa la pérdida de un proyecto y una importantisima inversión volcada en Iguazú, enfocado en enfermedades que afectan más a poblaciones fragilizadas. Se pierde un estratégico escudo epidemiológico en la triple frontera. Se pierden los avances en investigaciones en salud y la integración regional, y se desmantela el polo científico de Iguazú, hito de las capacidades profesionales y técnicas en conservación y salud».
El impacto del cierre del INMET no solo se mide en términos de infraestructura abandonada o líneas de investigación interrumpidas, sino también en las personas. Los despidos recientes terminan de confirmar un proceso que fue desmantelando, paso a paso, un equipo altamente calificado que llevó años formar. Profesionales especializados, con trayectoria en enfermedades críticas para la región, quedaron de un día para el otro sin trabajo y sin certezas sobre su futuro laboral.
Así, el cierre del instituto encuentra su punto más crítico en estos 13 despidos, que no solo afectan a cada uno de los trabajadores. Lo que queda es un vacío difícil de llenar: el de un equipo que investigaba, prevenía y cuidaba, y que hoy, además de perder su lugar de trabajo, deja a toda una región sin una herramienta clave para anticiparse a los problemas sanitarios del futuro.
