Caída del consumo, costos en alza y márgenes mínimos: el duro presente de la gastronomía y hotelería

En diálogo con LaVozDeCataratas, Mellano señaló que la principal preocupación del sector es la baja del consumo interno, una variable que golpea de lleno tanto a la gastronomía como a la hotelería, dos actividades fuertemente atadas al movimiento diario de las familias, al turismo y a la capacidad real de gasto.

Iguazú (LaVozDeCataratas) En un escenario nacional atravesado por la caída del consumo, el deterioro del poder adquisitivo y los altos costos operativos, la gastronomía y la hotelería enfrentan una etapa de fuerte presión, con márgenes cada vez más ajustados y crecientes dificultades para sostener la actividad. La advertencia fue planteada por Carlos Mellano, vicepresidente 3° de FEHGRA, entidad que nuclea a más de 84.000 establecimientos hoteleros y gastronómicos en todo el país.

En diálogo con LaVozDeCataratas, Mellano señaló que la principal preocupación del sector es la baja del consumo interno, una variable que golpea de lleno tanto a la gastronomía como a la hotelería, dos actividades fuertemente atadas al movimiento diario de las familias, al turismo y a la capacidad real de gasto.

El poder adquisitivo es el que motoriza la hotelería y la gastronomía”, resumió el dirigente, al describir una realidad que hoy se repite en distintos puntos del país y que en destinos turísticos como Iguazú también se siente, aun cuando haya fines de semana largos, buena ocupación o momentos de alta circulación de visitantes.

La paradoja, según explicó, es que muchos locales trabajan, pero con rentabilidad cada vez menor. Para sostener la demanda, numerosos comercios se ven obligados a ajustar precios al límite, resignando margen de ganancia para no perder clientes. En otras palabras: hay movimiento, pero eso no siempre se traduce en un verdadero alivio económico para las empresas.

Ese diagnóstico encuentra eco en los indicadores nacionales. De acuerdo con el INDEC, en el cuarto trimestre de 2025 el sector de hoteles y restaurantes registró una caída de 0,7%, mientras que la inflación de marzo de 2026 fue de 3,4% mensual, con un fuerte impacto de los precios regulados, que subieron 5,1% impulsados por tarifas y otros costos vinculados a servicios.

En ese marco, Mellano planteó que la actividad necesita mucho más que buenas intenciones o medidas aisladas: reclama previsibilidad. Para el dirigente, ningún emprendimiento puede proyectarse seriamente si no sabe con qué escenario inflacionario, financiero o impositivo se encontrará en los próximos meses. Y esa previsibilidad, explicó, es todavía más importante en rubros como la hotelería, donde la recuperación de una inversión suele demandar plazos mucho más largos.

El problema no es solo la demanda. También pesa, y mucho, la estructura de costos. En gastronomía, por ejemplo, Mellano advirtió que una gran parte de los locales funciona en inmuebles alquilados, por lo que a la presión de los alimentos e insumos se le suman alquileres, tarifas, impuestos y servicios que continúan empujando hacia arriba los gastos fijos. Cuando esa ecuación no cierra, el negocio empieza a sobrevivir en vez de crecer.

Bajo esa lógica, el referente de FEHGRA fue contundente al advertir que tomar créditos para cubrir gastos corrientes es una mala señal. A su entender, el financiamiento debería servir para mejorar un emprendimiento, incorporar equipamiento, renovar instalaciones o ampliar capacidad operativa, pero no para pagar la estructura diaria. Cuando eso ocurre, dijo, queda expuesto que el negocio ya no está generando el resultado necesario para sostenerse por sí mismo.

En Iguazú, esa preocupación no resulta ajena. La ciudad mantiene una fuerte dependencia del turismo y del consumo asociado al visitante, pero también de la dinámica económica cotidiana de residentes y trabajadores. Por eso, aun cuando determinados períodos muestren buen nivel de ocupación o movimiento turístico, la ecuación de fondo sigue siendo delicada: costos altos, consumo más contenido y empresas obligadas a sostenerse con márgenes mínimos.

Incluso los datos de actividad muestran que el cuadro no es lineal. La Encuesta de Ocupación Hotelera del INDEC indicó que en noviembre de 2025 hubo un aumento interanual de 5,3% en las pernoctaciones en el país. Sin embargo, ese repunte no necesariamente implica una mejora equivalente en la rentabilidad, porque el comportamiento del consumo se volvió más austero y el gasto promedio por cliente aparece más condicionado por el bolsillo.

Mellano también puso el foco en algo que en Iguazú se conoce bien: la hotelería y la gastronomía son actividades intensivas en empleo. Detrás de cada restaurante, bar, confitería, hotel o emprendimiento turístico hay puestos de trabajo que dependen de que el negocio funcione, tenga previsibilidad y logre sostenerse en el tiempo.

Por eso, el dirigente insistió en que el sector necesita reglas claras, estabilidad y condiciones para proyectar, no solo para sostener empresas sino también para preservar el empleo que generan. En ciudades turísticas, donde la actividad de servicios ocupa un lugar central en la economía local, esa discusión tiene un peso aún mayor.

Así, mientras a nivel nacional se multiplican las señales de alerta por la retracción del consumo y el peso de los costos, en Iguazú la situación se sigue de cerca. Porque detrás de cada mesa vacía, cada promoción lanzada para atraer clientes o cada negocio que trabaja al límite, aparece una misma preocupación: cómo sostener una actividad clave para la economía local en un contexto cada vez más ajustado.