Iguazú (LaVozDeCataratas) La primera jornada del juicio por el crimen de Bruno Mendes y el abuso de su pareja, en el marco del conocido “caso Polaquito”, estuvo atravesada por un clima de profunda tensión y conmoción. Pero fue la voz de la víctima la que quebró el silencio de la sala y expuso, con crudeza, el peso de una historia que no terminó hace cuatro años, sino que sigue viva en cada recuerdo.
Frente al tribunal, la joven no solo declaró: revivió. Cada palabra fue un regreso forzado a una escena que, según confesó, todavía la persigue. “Después de tanto tiempo, después de 4 años que tuve que declarar y volver a acordarme, todo eso me puso muy mal hoy”, expresó, visiblemente afectada tras salir de la audiencia.
El momento más crítico llegó cuando tuvo que enfrentarse cara a cara con el acusado. El miedo la paralizó.
“Entré en audiencia y estaba el chico también, y tuve que pedirle que lo saquen porque no podía declarar. Casi me desmayo allá adentro porque me daba mucho miedo”, relató.
La tensión escaló aún más cuando, según contó, el acusado se resistía a abandonar la sala. “Él no quería salir… y cuando lo sacaron, recién pude declarar. Difícil, pero pude”, dijo, dejando al descubierto la lucha interna que implicó cada minuto de su testimonio.
A pesar del impacto emocional, la joven sostuvo su decisión de hablar. No por ella, sino por algo más grande. “Más que nada por eso, para que no le pase a otra persona y pueda recibir también su condena”, afirmó.
Sin embargo, las heridas siguen abiertas. Lo que ocurrió aquella noche no quedó en el pasado: se instaló en su vida y en la de su hijo.
“Me dijeron que tengo que ir a la psicóloga… yo quería olvidar y ahora tener que recordar todo otra vez me hizo muy mal”, confesó.
Y agregó, en una frase que resume la dimensión del daño: “Hasta ahora mi bebé no habla bien por ese tema. Es un trauma que los dos tenemos”.
Durante la audiencia, eligió decir lo mínimo indispensable. No por falta de verdad, sino por agotamiento. “Dije lo justo y lo necesario… ya no quería más quilombo, quería terminar con todo eso”, expresó. Porque a veces, recordar también duele.
Aun así, tomó una decisión: autorizar la difusión de su testimonio. No por exposición, sino por conciencia. “Nadie merece pasar por ese momento”, dijo, con la esperanza de que su historia sirva para evitar que se repita.
El juicio continuará en los próximos días, mientras la Justicia intenta reconstruir uno de los casos más estremecedores de los últimos años en Iguazú. Pero hay algo que ya quedó claro en esta primera jornada: el dolor no prescribe. Y para algunas víctimas, el verdadero juicio recién empieza cuando tienen que volver a contar lo que nunca pudieron olvidar.

