Contrabando: El trabajo que supimos construir

En Iguazú, la cercanía con Paraguay y la brecha de precios alimentan una práctica extendida que, aunque ilegal, se sostiene por las reducidas oportunidades laborales y los bajos ingresos en el mercado formal. Lejos de ser una solución ideal, el contrabando aparece como una alternativa marcada por el esfuerzo, la incertidumbre y la falta de garantías, en un escenario económico adverso.

Iguazú (LaVozDeCataratas) En la triple frontera donde las dinámicas económicas están atravesadas por la cercanía con Ciudad del Este y las marcadas diferencias de precios, el contrabando a pequeña y gran escala forma parte de una realidad cotidiana.

Rocío, una joven de Iguazú, que se dedica a esta actividad, explicó a LaVozDeCataratas que su elección está vinculada principalmente a la flexibilidad que le permite organizar su vida. “A mí me interesó porque yo puedo administrar mis tiempos, no me gusta cumplir horarios, si te soy sincera”, expresó. En ese sentido, destacó que si bien no descarta un empleo formal, valora la independencia que le brinda esta modalidad.

Su rutina no responde a esquemas tradicionales. “Voy cada dos o tres días a Paraguay y toda las semanas literalmente me dedico a vender. No tengo un día en específico, cuando salen los pedidos, los hago”, contó. Esta lógica, marcada por la demanda, refleja una forma de trabajo que se adapta al ritmo del consumo y a la circulación constante de mercadería en la zona.

La entrevistada también señaló que cada vez más personas se vuelcan a esta actividad. La pérdida de empleo en todo el país, sumado a los costos de los productos elevados en casi todos los rubros, la flexibilidad del paso fronterizo eleva el interés por este tipo de actividad. “Es un recurso que tenemos estamos acá al lado y yo creo que uno debería aprovecharlo”, afirmó, haciendo referencia a la cercanía con Paraguay y la posibilidad de acceder a productos a menor costo para revender en otras ciudades del país.

Por otro lado, algunas personas realizan este trabajo de manera estacional, tal es el caso de Roberto, «yo tengo mi trabajo en blanco, pero no me alcanza, me endeudé mucho el año pasado y por eso decidí en mis francos traer cosas y vender. Tengo un hermano en Buenos Aires y el me hizo algunos clientes, entonces eso me ayuda» afirmó, reconociendo que el envío de mercadería a otras ciudades es lo más redituable. 

Sin embargo, reconoció la ambigüedad legal de la práctica. “En realidad sí es contrabando si vamos al caso, pero yo considero que no está mal porque es un trabajo. Lo que está mal es pasar droga u otra cosa”, sostuvo. Diferenciar los tipos de mercadería, autodenominarse «paseros» en vez de contrabandistas, y calificar a los productos como «importados» son los eufemismos que han consolidado un marco cultural reinante que desdibuja la percepción de ilegalidad y elimina su condena social, a la vez que lo potencia como una posibilidad de generar ingreso «siendo tu propio jefe».

Quienes se dedican a esta práctica suelen justificarla como una alternativa económica en un contexto adverso, aunque implica riesgos constantes, tanto por posibles controles como por la pérdida de mercadería o sanciones legales. Además, se trata de una actividad que no cuenta con ningún tipo de cobertura social ni protección laboral.

El celular es el mejor aliado y la más valiosa herramienta para este trabajo, basta entrar a tik tok y escribir «pasero» o «importado CDE» en el buscador para dimensionar la cantidad de personas que tomaron la decisión de hacer del contrabando un medio de vida.

Lejos de la idea de dinero fácil, los entrevistados aseguraron que: “No es plata fácil, es un semejante esfuerzo” y «parece fácil, pero vivimos con el miedo que nos saquen las cosas, o que no lleguen a destino». Además de los desafíos logísticos: “Lo más difícil es ir a Paraguay y acarrear las cosas, hay bultos que son muy pesados”.

Especialistas advierten que, más allá de las situaciones individuales, el contrabando genera un impacto económico significativo: afecta la recaudación fiscal, distorsiona el mercado formal y puede estar vinculado, en algunos casos, a redes de mayor escala.

En un contexto donde el empleo formal escasea y los ingresos resultan insuficientes o inestables, este tipo de actividades se consolidan como una alternativa para muchos habitantes de la frontera. No obstante, se trata de una salida marcada por la precariedad, los riesgos y la falta de protección laboral, que refleja las condiciones estructurales de una región atravesada por desigualdades económicas persistentes.