Iguazú (LaVozDeCataratas) En distintos puntos del centro y barrios de Iguazú, se ven desde hace tiempo cómo aumenta la presencia de personas en situación de calle. Algunos arman pequeños refugios con cartones, otros duermen directamente sobre bancos o pisos fríos, mientras el movimiento turístico y comercial continúa alrededor como si la escena se hubiese naturalizado.
Con la llegada de las noches más frías, la imagen se vuelve todavía más dura. El contraste entre una ciudad turística que recibe visitantes de todo el mundo y personas intentando pasar la noche a la intemperie genera preocupación y también preguntas incómodas sobre la realidad social que atraviesa la comunidad.

Muchos vecinos coinciden en que la situación ya no sorprende porque se volvió habitual. “Los vemos todos los días”, comentan comerciantes y transeúntes del centro. Algunos reciben ayuda ocasional con comida o abrigo, pero la problemática parece no encontrar una solución de fondo.
Detrás de cada persona en la calle hay historias atravesadas por adicciones, problemas de salud mental, desempleo, rupturas familiares o extrema vulnerabilidad social. Y aunque existen asistencias puntuales, la sensación general es que el problema crece silenciosamente.

La postal del otoño en Iguazú ya no es solamente el abrigo, la neblina o el movimiento. También son esas personas que, mientras la ciudad duerme, intentan sobrevivir otra noche sobre el cemento frío.
