“El Gallinero de Santi”: el hobby que se transformó en un pequeño mundo de gallinas ornamentales

Lo que comenzó como un hobby y un recuerdo de infancia hoy se convirtió en un espacio lleno de color, dedicación y amor por las aves. En su casa de Iguazú, Santiago López creó “El Gallinero de Santi”, un emprendimiento familiar donde cría alrededor de 50 gallinas ornamentales de distintas razas miniatura, muchas de ellas poco conocidas en la región.

Iguazú (LaVozDeCataratas) LaVozDeCataratas visitó el lugar y conoció de cerca cómo vive esta pasión que nació entre gallinas caseras y hoy atrae la atención de vecinos y amantes de los animales.

Entre las variedades que cría se encuentran la Polonesa Dorada, Mini Cochin Azul, Birchen, Sedosas del Japón y Cochin Columbia, aves reconocidas por su plumaje exótico, tamaños pequeños y comportamiento dócil.

Santi contó que todas fueron criadas prácticamente desde cero, comenzando desde huevos incubados artificialmente en su propia casa. Para ello instaló incubadoras especiales y un gallinero adaptado con luces artificiales que ayudan al proceso de postura y empollado.

Pero más allá de la técnica, lo que más llama la atención es el vínculo que logró generar con sus aves. “Son muy mimadas, me reconocen y cada una tiene su nombre”, contó entre risas mientras varias de ellas se acercaban apenas escuchaban su voz.

Explicó que desde chico convivió con gallinas caseras y que con el tiempo comenzó a investigar sobre especies ornamentales y miniatura. Hoy comparte en redes sociales parte de la crianza, los cuidados, la alimentación y el crecimiento de cada ejemplar.

Además de convertirse en una pasión diaria, las aves también forman parte de su alimentación familiar, ya que aprovecha los huevos frescos que producen algunas de ellas.

“La idea es que la gente las conozca y sepa que existen”, explicó Santi, orgulloso de un proyecto que combina naturaleza, paciencia y mucho cariño.

En Iguazú, entre incubadoras, plumajes llamativos y pequeñas aves que parecen salidas de una exposición internacional, “El Gallinero de Santi” demuestra que a veces los hobbies más simples terminan convirtiéndose en historias únicas.