Mundial2026: la campaña de El Pan de la Abuela reunió a más de 250 chicos y dejó una huella solidaria

Lo que comenzó el 30 de mayo con la propuesta de completar el álbum de figuritas del Mundial terminó convirtiéndose en un espacio de encuentro, solidaridad y amistad. Durante más de dos meses, cientos de niños y sus familias dejaron de lado las pantallas para compartir tardes de intercambio, risas y aprendizaje que hoy continúan, incluso después del final del campeonato.

Iguazú (LaVozDeCataratas) Cuando El Pan de la Abuela lanzó la campaña para ayudar a completar los álbumes de figuritas del Mundial, el objetivo parecía sencillo: reunir a los chicos para intercambiar las figuritas repetidas. Sin embargo, con el correr de las semanas, la iniciativa fue creciendo hasta transformarse en un verdadero fenómeno comunitario.

Desde el 30 de mayo, más de 250 niños participaron de las jornadas de intercambio que se realizaron dos veces por semana, acompañados por padres, abuelos, tíos, hermanos y amigos. Lo que en un principio era una mesa llena de figuritas terminó convirtiéndose en un lugar donde las familias compartían tiempo de calidad, conversaban, se reían y disfrutaban de una pasión que atravesó generaciones: el Mundial.

Durante cada encuentro, los celulares y las pantallas quedaron en un segundo plano. En cambio, aparecieron las preguntas de siempre: «¿Tenés la de Messi?», «¿Me cambiás esta por aquella?» o «¡Por fin conseguí la que me faltaba!». Esas pequeñas escenas fueron construyendo amistades entre chicos que antes no se conocían y fortaleciendo vínculos entre familias que comenzaron a encontrarse semana tras semana.

El entusiasmo fue tan grande que 26 participantes lograron completar el álbum, un objetivo que para muchos parecía imposible al comienzo de la campaña. Los 10 primeros recibieron premios especiales como reconocimiento a su constancia, aunque el verdadero premio fue compartido por todos.

Porque además de intercambiar figuritas, los participantes decidieron sumar un gesto solidario. Cada familia acercó juguetes y abrigos destinados a niños que más lo necesitaban. Con la colaboración del equipo organizador, las donaciones fueron clasificadas en paquetes para niños y niñas y posteriormente entregadas en la Escuela Provincial N.º 862, ubicada en el barrio 2000 Hectáreas, donde fueron recibidas con enorme alegría.

La campaña demostró que una idea simple puede convertirse en un proyecto con un profundo impacto social. Los chicos aprendieron a compartir, negociar, esperar turnos, colaborar y valorar el encuentro cara a cara, mientras los adultos encontraron un espacio para acompañarlos y revivir la emoción de coleccionar.

Aunque el Mundial ya terminó, la historia no llegó a su fin. Cada sábado siguen apareciendo los mismos rostros de siempre. Algunos todavía buscan esa figurita que les falta para cerrar el álbum; otros simplemente regresan porque encontraron un grupo de amigos con quienes compartir la tarde.

Al final, el álbum fue apenas la excusa. Lo que realmente se completó fue algo mucho más valioso: una comunidad que volvió a encontrarse, a conversar, a jugar y a demostrar que los mejores recuerdos no siempre están dentro de un paquete de figuritas, sino en las personas con las que se comparten.