Iguazú (LaVozDeCataratatas) Después de experimentar con zapallo, papa, zanahoria, remolacha y hasta elaborar ajo en polvo, estudiantes de Iguazú encontraron en un producto abundante en la zona una nueva posibilidad: transformar la banana verde en harina. Nahuel Rodríguez contó a LaVozDeCataratas cómo nació la idea, cuál es el proceso de deshidratación y por qué comenzaron a investigar las posibilidades de un alimento que ya se produce en otras provincias, pero que en Misiones tiene una ventaja fundamental: la materia prima crece prácticamente al alcance de la mano.
Todo comenzó experimentando. Desde el año pasado, un grupo de estudiantes viene trabajando con la deshidratación de diferentes alimentos para convertirlos posteriormente en harina o polvo, probando qué sucede con productos conocidos y explorando nuevas posibilidades.
“Hicimos harina de zapallo, de papa, de zanahoria y de remolacha. Incluso hicimos ajo en polvo”, contó Nahuel Rodríguez a LaVozDeCataratas.

Para realizar estas experiencias utilizan una deshidratadora, un equipo que funciona de manera diferente a un horno convencional. Mientras un horno trabaja habitualmente con temperaturas mucho más elevadas, la deshidratadora utiliza una resistencia y un ventilador que hace circular aire caliente, permitiendo retirar progresivamente la humedad de los alimentos sin someterlos a temperaturas tan altas.
A fines del año pasado apareció un nuevo desafío: ¿se podía hacer harina a partir de una fruta?
La respuesta estaba en una planta muy conocida en Misiones
La búsqueda los llevó rápidamente hacia un producto cotidiano en la región: la banana.
Antes de comenzar hicieron una investigación y descubrieron que para obtener harina debía utilizarse banana verde y no madura, principalmente por las diferencias en su composición y contenido de humedad.
También encontraron antecedentes de producción de harina de banana verde en otras provincias argentinas y comprobaron que el producto puede conseguirse comercialmente, aunque a precios elevados.
Ahí apareció una de las características que vuelve particularmente interesante la experiencia en Misiones.
Mientras en otras regiones obtener la materia prima puede requerir cultivos específicos, la banana forma parte del paisaje productivo y doméstico misionero y crece con facilidad gracias a las condiciones de suelo y clima.
“Acá, al contrario, nace la planta de banana como cualquier planta, nace en cualquier lugar porque nuestra tierra es fértil”, explicó Rodríguez.
De una banana verde a un polvo fino
El procedimiento comienza con la selección de la banana todavía verde, que luego debe ser pelada y cortada longitudinalmente.
Las láminas tienen aproximadamente entre dos y tres milímetros de espesor y se distribuyen sobre las bandejas de la deshidratadora.
Luego comienza uno de los pasos que más paciencia requiere: permanecen aproximadamente entre seis y ocho horas a una temperatura cercana a los 60 grados.
El tiempo puede variar dependiendo principalmente del espesor de cada corte. El punto adecuado se alcanza cuando las láminas quedan completamente secas y quebradizas.
Después llega la molienda, que permite transformar ese producto deshidratado en harina de banana verde.
Según explicó Nahuel, durante las experiencias también analizaron cómo la deshidratación modifica las características originales del alimento y observaron que la banana verde conserva buena parte de sus componentes después del proceso.
También se capacitaron sobre alimentos sin gluten
El proyecto los llevó además a profundizar conocimientos sobre manipulación de alimentos. Los estudiantes realizaron una capacitación con una elaboradora de alimentos para personas celíacas, conocida como Vicen-tina, de quien, según destacó Nahuel, pudieron aprender especialmente sobre los cuidados necesarios para evitar la contaminación con gluten.
Uno de esos puntos es precisamente la deshidratadora: el equipamiento utilizado para una preparación sin gluten no debe haber estado expuesto a productos que puedan provocar contaminación cruzada.
Por ese motivo, Rodríguez hizo una aclaración importante: aunque la banana naturalmente no contiene gluten, la harina que actualmente producen dentro del proyecto no puede presentarse como certificada o completamente apta para personas celíacas, debido a que todavía no cuentan con un espacio específicamente acondicionado para garantizar todo el proceso libre de contaminación cruzada.
La experiencia, sin embargo, les permitió comprender que desarrollar un alimento no termina simplemente en conseguir producirlo: también implica aprender sobre inocuidad, manipulación, equipamiento y condiciones específicas de elaboración.
Experimentar con lo que produce la tierra misionera
La harina de banana se suma así a las diferentes pruebas que vienen realizando con productos vegetales y abre una nueva línea de experimentación.
Más allá del resultado final, el proyecto combina conocimientos de procesamiento de alimentos con algo mucho más cercano: mirar aquello que crece en Misiones y preguntarse qué más se puede hacer con ello.
Una banana verde que muchas veces pasa inadvertida o se pierde antes de madurar puede convertirse, después de varias horas de deshidratación y molienda, en un producto completamente diferente.
Y justamente ahí está buena parte del aprendizaje: innovar no siempre significa buscar algo que está lejos; a veces empieza observando de otra manera lo que crece todos los días al lado de casa.
Ver esta publicación en Instagram
Una publicación compartida por LaVozDeCataratas (@lavozdecataratasok)

