Iguazú (LaVozDeCataratas) La aparición de un tesorito (Phibalura flavirostris) en el Parque Nacional Iguazú despertó un enorme interés entre observadores de aves y provocó que aficionados de diferentes puntos del país viajaran hasta Misiones con un objetivo muy concreto: tener la posibilidad de observar y fotografiar una especie que cuenta con muy pocos registros en Argentina.
El nuevo avistaje se produjo el 5 de agosto, cuando Martín López Aguirre observó un macho mientras realizaba una guiada en inmediaciones del observatorio de aves “Daniel Pupi Somay”, ubicado sobre la Ruta Nacional 101.
La novedad comenzó a circular rápidamente por grupos de WhatsApp especializados en ornitología, redes sociales y plataformas de ciencia ciudadana. Y la reacción de los aficionados no tardó en llegar.
Un observador de aves de Avellaneda, Buenos Aires, sacó un pasaje y viajó durante toda la noche en colectivo para amanecer en Iguazú. La apuesta tuvo recompensa: logró encontrar y fotografiar al tesorito.
Una salida detrás del tesorito
Al día siguiente, el recientemente conformado Club de Observadores de Aves “Saira Arcoiris” de Iguazú organizó una salida enfocada especialmente en encontrar al ejemplar.
A la actividad se sumaron aficionados que habían llegado desde González Catán, Hurlingham, Morón y Villa Luzuriaga, en la provincia de Buenos Aires. El grupo consiguió mantener al tesorito a la vista durante varios minutos.
Posteriormente, Adrián Heredia viajó desde Surucuá Lodge, en la península de Andresito, y también consiguió fotografiarlo. En esa oportunidad, el ave se desplazaba dentro de una bandada mixta junto a tersinas y tangaraes.
La coincidencia del registro con el fin de semana largo incrementó todavía más el movimiento. Varios aficionados decidieron emprender viaje hacia Puerto Iguazú y, al amanecer, una docena de observadores se reunió en el observatorio de la Ruta 101.
Habían llegado desde Berisso, Escobar, Ituzaingó y La Plata, en Buenos Aires; Concordia, en Entre Ríos, además de vecinos de Puerto Iguazú.
La expectativa volvió a cumplirse: los visitantes consiguieron observar al tesorito y llevarse registros de una especie cuya presencia en Argentina ha sido históricamente excepcional.
Una historia de apariciones muy espaciadas
El interés que genera cada avistaje se explica por los escasos y ocasionales registros históricos del tesorito en el país, concentrados en Misiones.
Según la información aportada por Patricio Ramírez Llorens, de la Dirección Regional NEA de la Administración de Parques Nacionales, la especie fue mencionada por primera vez para Argentina en 1913 por el zoólogo paraguayo Arnaldo de Winkelried Bertoni, hijo de Moisés Bertoni, aunque entonces no se especificó una localidad concreta.
Recién en 1952, William Henry Partridge colectó ejemplares en Tobuna, que posteriormente fueron remitidos al Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires.
Tuvieron que pasar más de dos décadas para otro registro. En 1975, Tito Narosky observó un tesorito en el Parque Nacional Iguazú y, dos años después, Miguel Christie consiguió anillar seis ejemplares en la antigua seccional Apepú, sobre el río Iguazú.
La especie volvió a ser detectada al norte de Campo Viera en 1983 y posteriormente tuvo diferentes registros en las zonas de San Pedro, Cruce Caballero y Reserva Guaraní entre 2001 y 2009.
Iguazú volvería a convertirse en escenario de su aparición en 2011 y 2012, cuando varios observadores locales pudieron conocer al tesorito en inmediaciones del restaurante El Fortín, en el Área Cataratas del Parque Nacional Iguazú, luego de avisos realizados por trabajadores de Iguazú Jungle.
Un atractivo que también moviliza turismo
Catorce años después, el registro de agosto volvió a poner al tesorito en el centro de atención de la comunidad de observadores.
Esta vez, sin embargo, la velocidad con la que circuló la información a través de redes sociales, grupos especializados y plataformas digitales hizo que la noticia trascendiera rápidamente las fronteras de Misiones y motivara viajes prácticamente inmediatos.
Para quienes practican la observación de aves, encontrar una especie con registros tan escasos puede justificar cientos de kilómetros de viaje. Y durante estos días, Iguazú se convirtió precisamente en ese punto de encuentro.
Mientras el tesorito continúe dejándose ver entre la vegetación del Parque Nacional, binoculares, cámaras y largas horas de espera seguirán apuntando hacia un pequeño protagonista que consiguió movilizar a aficionados de distintos lugares del país hasta Iguazú.
Imágenes: Leonardo Olosbak.
Información: Patricio Ramírez Llorens – Dirección Regional NEA, Administración de Parques Nacionales.

