Iguazú (LaVozDeCataratas) “Mi nombre es Juliana. Soy estudiante del Instituto Karaí Correa, estoy estudiando tecnicatura en turismo con orientación indígena. Tengo dos hijos, también estoy trabajando como guía, soy intérprete de la comunidad Yryapú y también soy representante de la comunidad Yryapú”, relató a LaVozDeCataratas.
Su rol como representante surgió de la propia comunidad. “Fui elegida a través de la gente para representar a la comunidad Yryapú. Trabajo con el cacique, hago los papeles y todo eso”, explica.
Para Juliana, hablar de la mujer indígena es hablar también de una figura central para la vida comunitaria. En este día especial, destaca los cambios que observa y el mayor reconocimiento que tienen actualmente las mujeres: “Hoy en día la mujer indígena dentro de la comunidad tiene una valoración muy grande, muy grande”.
Según explica, ese reconocimiento también se relaciona con nuevas posibilidades para las mujeres, especialmente en materia de educación y autonomía. “Hoy en día la mujer tiene más derecho para seguir estudiando, para ser respetada, hace su rol dentro de la comunidad”, sostiene.
La joven se incluye dentro de ese proceso y remarca el lugar de liderazgo que ocupan las mujeres: “A través de la mujer, a través de nosotras, yo me identifico también como mujer indígena, nosotras somos las lideranzas dentro de la comunidad. Porque de nosotras dependen nuestros niños, nuestro todo dentro de la comunidad, depende de la mujer. Porque le da de comer, le prepara de comer, busca una manera de mantener a los hijos”, señala.

Consultada por la relación con los juruás -las personas que no son mbya- Juliana afirmó que «hay cosas buenas y otras no tan buenas». Dentro de las «buenas» destacó el turismo como herramienta de trabajo y de mantener la cultura, ya que esta no es una actividad tradicional en la cultura mbya. Desde su trabajo como guía e intérprete, acompaña a visitantes y les muestra cómo viven actualmente las comunidades. «tenemos una manera de trabajar con el turismo, que es uno de los principales ingresos dentro de la comunidad”, sostiene. “A través del turismo nosotros le mostramos cómo es la cultura hoy en día, cómo vivimos hoy en día cotidianamente”. “Le mostramos nuestra manera de vivir diaria, así le mostramos a los visitantes cómo estamos hoy en día”, agrega.
Su vínculo con las personas de afuera también está atravesado por el trabajo y el intercambio. “Yo diría que estamos 50 y 50”, plantea al hablar de su relación con los yoruá. “Yo he conocido muchas personas que son juruá, que son muy buenas, que te ayudan verdaderamente”, cuenta. Sin embargo, reconoce que la realidad no es igual para todas las comunidades: “Muchas comunidades dicen que reciben mucha discriminación y todo eso”.
Frente a esa realidad, destaca la importancia de mantener la capacidad de decidir con quién relacionarse: “Nosotros tenemos la sabiduría, esa sensación de seguir manteniendo nuestra cultura dentro de nuestra comunidad. Nosotros sabemos a quién recibir y a quién no. Vemos a las personas que son de afuera, vemos si es realmente para ayudar o no” aseguró.
“Mi cultura mbya guaraní es mi vida”
Cuando habla de su identidad, Juliana no duda: “Mi cultura mbya en mi vida significa muchísimo. Porque a través de mi cultura yo tengo todo. Significa muchísimo mi cultura mbya guaraní. Me identifico con eso”, expresa.
Su identidad también está vinculada con la naturaleza y con la memoria de sus antepasados: “Capaz hoy en día no tenemos muchos árboles, no tenemos muchas aguas así potables. La mayoría de la selva está pelado, pero con la ayuda de nuestros abuelos, con la ayuda del Ñanderú, todo está bien para nosotros, porque es así”, relata.
Respecto a los desafíos a los que se encuentran como comunidad, asegura que le preocupa especialmente: el avance de la tecnología y su impacto entre los jóvenes. “Muy lamentablemente es que hoy en día, por ejemplo, ya entra mucha tecnología, muchos jóvenes no le dan importancia a nuestras culturas”, advierte. “A mí me gustaría que la tecnología se fuera, viste, que no sucediera acá dentro, pero como en todas partes ya entró. Y eso me gustaría. Pero bueno, no se puede hacer”.
Aun así, confía en la transmisión de conocimientos de generación en generación. “Por más que eso suceda, nuestros abuelos están acá, están ayudando para que nuestra cultura no se pierda mucho”, sostiene.
Una propuesta concreta para las mujeres
Desde su experiencia como representante, Juliana también tiene claro qué pediría si tuviera frente a ella a alguien dispuesto a generar un beneficio concreto para las mujeres de la comunidad. “Mi idea era que cuando estaba empezando a ser como representante de la comunidad, estaba pensando si una persona viniera en mi comunidad y me preguntara qué necesita para que la mujer indígena… qué necesitaría o algún beneficio para la mujer indígena, yo le pediría un taller, un taller de cocina para la mujer indígena para que cocine con nuestra comida típica» propone.

La necesidad no pasa solamente por aprender, sino también por contar con los elementos necesarios para desarrollar esas actividades. “Nosotros, por ejemplo, podemos hacer el taller, pero tenemos pocas herramientas”, explica. También imagina un espacio propio para la gastronomía tradicional: “Me gustaría que le diera la oportunidad de cocinar, viste, para la mujer indígena”.
Y lo resume de una manera directa: “Si es que viniera una persona con beneficio y me preguntara ‘¿qué te gustaría?’, yo le respondería: ‘Yo quiero eso, cocina, para que la mujer indígena tenga actividad de hacer cada día’”.
La mujer que la inspira
Cuando se le pregunta qué características reconoce en las mujeres indígenas, sin dudar, enumera algunas de las que considera fundamentales: “La mujer indígena son sabiduría, competencia, liderazgo”. Y cuando debe elegir a una mujer que la inspira personalmente, la respuesta aparece rápidamente: su mamá.
“A mí, personalmente, una mujer que me inspiró y que también quiero ser como ella, fuerte, es mi mamá. Mi mamá que es una gran lideranza para mí, que me enseñó, que me cuidó, que nos cuidó a mí y a mis hermanos. Ella no tuvo la oportunidad de estudiar, pero gracias a ella, ella con su sabiduría, con la inteligencia de ella, nos cuidó”, sostiene.
Por eso, cuando habla de inspiración, vuelve a ella: “Es mi mamá, la que me inspira cada día es mi mamá» Juliana es hija de Gloria, una importante referente, abuela y opyguá de la Comunidad Yryapú.
Y también menciona a otra mujer que despertó su admiración: Juanita Ramos, Cacique de una comunidad de la zona centro de Misiones. “Juanita, que vino una vez al instituto a visitar, que vino a participar también en un evento y me gustó mucho su fortaleza y todo”, recuerda.
Entre sus estudios, su trabajo como guía e intérprete, su tarea como representante y su vida familiar, Juliana construye un camino en el que la identidad y la participación de las mujeres ocupan un lugar central. Su mensaje, en el Día Internacional de la Mujer Indígena, parte de su propia experiencia: estudiar, trabajar, liderar y preservar una cultura que considera parte inseparable de quién es.
“Mi cultura mbya es mi vida”, vuelve a decir. Y desde ese lugar busca que las nuevas generaciones también puedan reconocerla, valorarla y mantenerla viva.

