Isabel Rodríguez: 70 años entre hilos y telas, una vida dedicada a la costura

A los 80 años, Isabel Rodríguez continúa frente a su máquina de coser, después de siete décadas dedicadas a un oficio que aprendió desde muy joven y que heredó de su abuela. Con una clientela que la acompaña desde hace años, sigue trabajando y manteniendo viva una tradición familiar.

Iguazú (LaVozDeCataratas) Con apenas 13 años, Isabel Rodríguez comenzó a aprender costura y, desde entonces, las telas, los hilos y las agujas se convirtieron en parte de su vida. Mientras cursaba sus estudios en la Escuela Normal, aprovechaba las horas después de clases para aprender y perfeccionarse en un oficio que con el paso del tiempo se transformaría en su forma de vida.

Su historia con la costura también tiene raíces familiares. Isabel recuerda especialmente a su abuela, quien no sabía leer ni escribir, pero confeccionaba hermosos trajes completamente a mano, en una época en la que no existían las mismas posibilidades ni herramientas que hoy.

“Yo le miraba a ella cómo cosía”, recuerda Isabel, al hablar de aquellos primeros años en los que comenzó a familiarizarse con el oficio, señalo a LaVozDeCataratas.

A lo largo de su vida también trabajó en una fábrica en Buenos Aires y durante casi diez años en la Municipalidad. Todavía conserva recibos y documentos de aquellos empleos. “A veces la gente no quiere creerle a uno, por eso guardé todo”, cuenta.

Después de jubilarse decidió continuar cosiendo. “La jubilación es muy poco”, explica. Sin embargo, detrás de esa necesidad también existe una elección: la costura dejó de ser solamente un trabajo para convertirse en una parte fundamental de su vida.

En su taller realiza prácticamente todo tipo de trabajos: arreglos de prendas, trajes e incluso cunas. Hay una tarea que decidió dejar atrás: el arreglo de zapatos. “No soy zapatera, soy costurera”, aclara con firmeza.

Su actual máquina de coser tiene muchos años y llegó desde Buenos Aires. Además, conserva otras tres, aunque es una la que utiliza con mayor frecuencia para continuar atendiendo a sus clientes.

Con el paso de las décadas, personas de distintos puntos de Iguazú continúan llegando hasta su taller. Su manera de trabajar y el vínculo construido con sus clientes hicieron que muchas familias sigan confiando en ella.

“Yo no le cobro caro a nadie, no me gusta”, sostiene Isabel, una filosofía que también forma parte de su manera de entender el oficio. En tiempos en los que muchas veces resulta más sencillo comprar una prenda nueva que repararla, ella continúa apostando por darle una segunda oportunidad a la ropa a través de la costura.

Son 70 años de oficio, aprendizaje y dedicación, pero también una historia que atraviesa generaciones y mantiene viva una tradición que comenzó mirando a su abuela coser y que hoy continúa en sus propias manos.