Iguazú (LaVozDeCataratas) Cuando llueve intensamente, la preocupación vuelve a las familias que viven cerca de los cursos de agua que atraviesan distintos barrios de la ciudad. Villa Tacuara es uno de los sectores donde históricamente el avance del agua puso en alerta a los vecinos, pero el problema permite abrir una discusión que va más allá de un barrio en particular.
LaVozDeCataratas recorrió parte de uno de estos cauces urbanos para observar qué sucede cuando no llueve, cuando el nivel del agua permite mirar aquello que normalmente queda escondido. Y lo que aparece obliga a pensar.
Durante el recorrido se pudo constatar la presencia de bolsas de residuos, botellas, envases y diferentes elementos plásticos, además de ramas y otros restos acumulados sobre los márgenes y dentro del cauce. En algunos sectores, donde la profundidad es escasa, la basura queda a simple vista.

¿De quién es la responsabilidad?
La pregunta parece sencilla, pero la respuesta no puede reducirse a señalar solamente a una parte. El Municipio tiene responsabilidades que no pueden trasladarse al vecino: mantenimiento de espacios públicos, gestión de residuos, saneamiento, planificación e intervención con obras cuando las condiciones del terreno, los desagües o el escurrimiento del agua lo requieren.
Un vecino no puede ejecutar una obra hidráulica, colocar tubos de gran porte, modificar un drenaje ni ingresar con maquinaria pesada para intervenir un cauce. Cuando el problema requiere infraestructura, planificación y recursos públicos, la respuesta debe venir del Estado.
Pero hay otra responsabilidad que tampoco puede trasladarse al Municipio, «La de no arrojar basura». Ninguna obra puede resolver por sí sola un problema si después vuelven a aparecer bolsas, botellas, plásticos, ramas y residuos en los mismos lugares.

Lo que tiramos no desaparece
Una bolsa abandonada junto al arroyo puede parecer poca cosa. Una botella arrojada al agua puede parecer insignificante. Lo mismo ocurre con una rama, un envoltorio o una bolsa domiciliaria dejada donde no corresponde. Pero la basura no desaparece cuando dejamos de verla.
Con la lluvia, el agua comienza a moverse con mayor fuerza y puede arrastrar aquello que encuentra en su recorrido. Los residuos cambian de lugar, se acumulan entre la vegetación, quedan retenidos contra ramas o continúan aguas abajo. Por eso, lo que una persona arroja en un barrio puede terminar varios metros o incluso mucho más lejos del lugar donde fue descartado. Y detrás de ese recorrido hay otras viviendas y otras familias.

La limpieza sola no alcanza
También sería injusto responsabilizar automáticamente por una inundación a quienes viven cerca de un arroyo por la basura encontrada en el cauce. Las inundaciones y anegamientos pueden responder a múltiples factores, y determinar sus causas requiere evaluaciones técnicas sobre drenajes, capacidad de escurrimiento, infraestructura y comportamiento del curso de agua. Pero lo observado durante el recorrido deja algo que no necesita demasiadas explicaciones: los residuos no deberían estar allí.
Por eso, cada intervención municipal necesita también del compromiso de la comunidad. Limpiar para volver a ensuciar genera un círculo que nunca termina. Y esperar que una máquina retire permanentemente aquello que alguien decidió arrojar tampoco representa una solución.
El arroyo también es parte de nuestro barrio
Tal vez uno de los mayores desafíos sea cambiar la manera en que miramos estos espacios. Un arroyo no es la parte de atrás de la ciudad. No es un basural ni un lugar donde aquello que ya no queremos ver simplemente desaparece. Forma parte del barrio y del ambiente en el que vivimos.
El Municipio deberá hacer su parte: mantener, limpiar, controlar, planificar y ejecutar las obras necesarias allí donde existan problemas de infraestructura. Pero la comunidad también tiene una tarea mucho más sencilla y cotidiana: no arrojar residuos, respetar los lugares y horarios de recolección y cuidar los espacios comunes.
No se trata de buscar un único culpable.
Se trata de comprender que existen responsabilidades diferentes y que cada una debe cumplirse. Porque cuando comienza a llover, el agua no distingue quién dejó una bolsa, quién arrojó una botella o quién debería haber limpiado determinado sector. Simplemente sigue su curso.

