Iguazú (LaVozDeCataratas) Mientras la inteligencia artificial redefine inversiones y negocios en todo el mundo, Paraguay busca aprovechar una de sus principales ventajas competitivas: la disponibilidad de energía eléctrica. Y uno de los proyectos que mejor refleja esa estrategia se desarrolla en Alto Paraná, en plena región de la Triple Frontera.
Se trata de Iguazú AI City, un campus tecnológico proyectado en el distrito paraguayo de Yguazú para entrenamiento y despliegue de inteligencia artificial a gran escala. La inversión anunciada alcanza los USD 12.000 millones en aproximadamente tres años y medio y, de concretarse en su totalidad, se convertiría en una de las mayores apuestas privadas realizadas en el país.
Pero el dato adquiere otra dimensión cuando se lo observa dentro del proceso económico que atraviesa Paraguay.
Una economía que viene creciendo
Los últimos números oficiales muestran una economía en expansión. Según el Banco Central del Paraguay, el Producto Interno Bruto creció 5,8% interanual durante el primer trimestre de 2026. Al finalizar el segundo trimestre, el crecimiento acumulado durante el primer semestre alcanzó 5,7%.
El Banco Central había elevado además su proyección de crecimiento para todo 2026 del 4,2% al 4,5%, mientras redujo su estimación de inflación al 3,3%. Servicios, agricultura, manufacturas, construcción y energía aparecen entre los sectores que vienen empujando la actividad.
En ese escenario, el proyecto de Yguazú muestra otro movimiento: Paraguay busca dejar de ser solamente productor y exportador de energía para utilizar parte de esa electricidad como plataforma para atraer industrias intensivas en tecnología y capital.
De vender electricidad a exportar capacidad tecnológica
Ese es probablemente el punto más interesante de Iguazú AI City. La idea planteada por sus impulsores consiste en utilizar energía disponible en Paraguay para alimentar centros de datos capaces de realizar el enorme procesamiento computacional que requieren los modelos de inteligencia artificial.
En otras palabras, la electricidad deja de ser únicamente el producto final para convertirse en un insumo con el cual generar un servicio tecnológico de mucho mayor valor agregado.
Según Alejandro Zuccolillo, uno de los impulsores del proyecto, la estrategia apunta justamente a dejar de vender energía excedente a Brasil a valores menores y utilizarla dentro del territorio paraguayo para producir capacidad de procesamiento destinada al mercado internacional.
La empresa sostiene además que negocia con la ANDE un suministro para el proyecto y que el complejo completo demandaría alrededor de 280 MW.
Una primera etapa de USD 300 millones
El proyecto será desarrollado por etapas. La primera contempla una inversión aproximada de USD 300 millones y tiene como objetivo comenzar a operar en diciembre de 2026 con seis módulos, 6 MW de capacidad y alrededor de 2.000 procesadores destinados a tareas de inteligencia artificial.
Luego llegarían dos fases mucho mayores, estimadas en aproximadamente USD 5.500 millones cada una, hasta alcanzar los USD 12.000 millones proyectados.
Los promotores estiman que en una etapa avanzada podrían generarse alrededor de 3.000 puestos de trabajo, además del movimiento indirecto en transporte, seguridad, alimentación, metalmecánica, producción de transformadores, cables y componentes eléctricos. También se proyecta capacitar y retener ingenieros paraguayos especializados en electricidad, electromecánica y telecomunicaciones.
Hay, sin embargo, una diferencia importante entre inversión anunciada e inversión efectivamente ejecutada. Los USD 12.000 millones corresponden al desarrollo proyectado de todas las etapas; la primera fase es considerablemente menor. Por eso, la verdadera dimensión del proyecto podrá medirse a medida que avance su ejecución.
Alto Paraná vuelve a ocupar un lugar estratégico
El departamento paraguayo que integra una de las regiones económicas más dinámicas de la frontera. La misma zona que durante décadas estuvo asociada principalmente al comercio, la agricultura, la energía y la logística ahora busca sumar infraestructura tecnológica de escala internacional. Y ahí aparece un cambio que merece ser observado desde toda la Triple Frontera.
Paraguay parece haber identificado que la energía abundante por sí sola no garantiza desarrollo. El desafío está en conseguir que esa energía alimente inversiones, empresas, tecnología, empleo especializado y servicios que puedan venderse al mundo.
Iguazú AI City es todavía un proyecto en desarrollo y buena parte de la inversión anunciada deberá materializarse. Pero su dimensión permite observar hacia dónde está mirando el país vecino.
Paraguay no quiere limitarse a exportar electricidad. Busca que una parte de esa energía se transforme dentro de sus fronteras en industria, tecnología y, ahora, inteligencia artificial.
Y para una región como la Triple Frontera, donde las diferencias económicas entre ciudades vecinas se sienten rápidamente de un lado y otro de los puentes, seguir de cerca ese proceso ya no es solamente mirar lo que hace Paraguay: es observar cómo está cambiando el escenario regional.
Con información de Diario Hoy

