El humo de siempre, los vecinos de siempre y un problema que nadie quiere enfrentar

Hay vecinos que llevan años conviviendo con estas quemas. Algunos reclamaron, otros realizaron denuncias y, en determinadas oportunidades, intervino personal de la Dirección de Saneamiento Ambiental de la Municipalidad. Sin embargo, según los reclamos vecinales, las quemas continúan y el problema sigue sin una solución definitiva.

Iguazú (LaVozDeCataratas) La quema de basura continúa siendo una práctica habitual en distintos sectores de Iguazú. A pesar de las denuncias y las intervenciones municipales, hay situaciones que se repiten desde hace años. Mientras algunos vecinos siguen quemando residuos, otros se acostumbraron a respirar humo, cerrar las ventanas y esperar que alguien más haga el reclamo.

Llega la tarde y, casi como parte de una rutina, el humo comienza a invadir el aire. No es un incendio accidental ni una situación extraordinaria. Es la misma práctica, repetida durante años, muchas veces por las mismas personas y ante la mirada de los mismos vecinos.

A veces sucede por la tarde. Otras, durante la noche o a primera hora de la mañana. El horario cambia, pero el resultado es siempre el mismo: humo que ingresa a las viviendas, ropa limpia que termina impregnada de olor y familias que deben cerrar puertas y ventanas para intentar mantener el aire respirable dentro de sus hogares. Lo más preocupante es que, con el paso del tiempo, esta situación parece haberse naturalizado.

Hay vecinos que llevan años conviviendo con estas quemas. Algunos reclamaron, otros realizaron denuncias y, en determinadas oportunidades, intervino personal de la Dirección de Saneamiento Ambiental de la Municipalidad. Sin embargo, según los reclamos vecinales, las quemas continúan y el problema sigue sin una solución definitiva.

No es desconocimiento, es falta de responsabilidad

Durante mucho tiempo, determinadas conductas podían atribuirse a la falta de información o de conciencia ambiental. Pero hoy resulta difícil sostener ese argumento. Quienes queman basura saben que el humo afecta a los demás. Saben que existen otras viviendas alrededor, que hay niños, adultos mayores y personas con problemas respiratorios. Saben que el humo no se queda dentro de los límites de su propiedad. Y aun así, continúan haciéndolo.

Las explicaciones suelen repetirse: que la Municipalidad no recoge los residuos, que el servicio no funciona correctamente, que no hay otra alternativa.

Los problemas en la recolección de basura, cuando existen, deben ser atendidos y reclamados. Pero ninguna deficiencia en un servicio público justifica trasladar el problema a los pulmones de los vecinos. La responsabilidad ambiental no puede depender exclusivamente de lo que haga o deje de hacer el municipio. También comienza con las decisiones individuales.

Respirar aire limpio no debería ser un privilegio

La quema de residuos no es solamente una molestia por el olor. El humo puede contener partículas finas y sustancias contaminantes que afectan la calidad del aire y representan riesgos para la salud, especialmente cuando se queman plásticos, envases y otros materiales. Para quienes vivimos cerca, las consecuencias se sienten en lo cotidiano.

No poder abrir una ventana para ventilar la casa. Tener que retirar la ropa del tendedero. Suspender una actividad al aire libre. Sentir que el humo invade cada habitación. Son situaciones que parecen pequeñas hasta que se repiten casi todos los días, durante años. Y hay algo todavía más preocupante: acostumbrarse.

Porque respirar humo de manera habitual no significa que haya dejado de ser perjudicial. Simplemente significa que se aprendió a convivir con una situación que nunca debería haberse aceptado como normal.

El silencio de quienes también están afectados

Pero existe otra parte del problema que merece una reflexión. Muchos vecinos se quejan del humo, pero pocos están dispuestos a denunciarlo. Lo comentan entre conocidos, lo mencionan en conversaciones y expresan su malestar cuando el olor vuelve a ingresar a sus viviendas. Sin embargo, cuando llega el momento de realizar un reclamo formal, prefieren mantenerse al margen.

Algunos por evitar conflictos. Otros porque consideran que denunciar no servirá de nada. Y muchos, sencillamente, porque esperan que sea otro quien se ocupe. Así, la responsabilidad de reclamar termina recayendo siempre sobre las mismas personas, mientras el resto observa, se queja y continúa soportando las consecuencias.

El silencio también contribuye a que determinadas prácticas se perpetúen. No se trata de generar enfrentamientos entre vecinos, sino de comprender que vivir en comunidad implica derechos, pero también obligaciones.  Cuando un vecino realiza una denuncia por una quema reiterada, espera algo más que una visita de inspección.

Es necesario que las intervenciones tengan seguimiento y que, ante situaciones recurrentes, se adopten las medidas correspondientes para evitar que vuelvan a producirse. De poco sirve que una dependencia municipal intervenga si, al día siguiente, la misma conducta vuelve a repetirse.

La prevención, la concientización y el control deben formar parte de una política sostenida. Y los vecinos también deben asumir el compromiso de reclamar cuando sus derechos se ven afectados.

Porque el problema no se resuelve únicamente con inspectores ni solamente con denuncias. Requiere que quienes generan el humo dejen de hacerlo y que las autoridades actúen para garantizar el cumplimiento de las normas.

¿Hasta cuándo vamos a seguir respirando el humo de otros? La pregunta es sencilla, pero la respuesta parece demorarse desde hace años. ¿Cuántas veces hay que denunciar una misma situación? ¿Cuántas inspecciones hacen falta? ¿Cuánto tiempo debe soportar una familia el humo que genera otra persona? Y también cabe preguntarse: ¿por qué quienes están afectados prefieren callar y esperar que alguien más reclame?

En una ciudad que tiene a la naturaleza como uno de sus principales valores, resulta contradictorio que todavía existan personas que consideren normal quemar sus residuos a costa de la calidad de vida de los demás. El derecho a respirar aire limpio no debería depender de la buena voluntad de un vecino ni de la paciencia de quienes viven alrededor.

Porque el humo se dispersa, pero el problema permanece. Y mientras unos siguen quemando basura, otros siguen cerrando las ventanas.