Nueve años preservando las voces, imágenes y recuerdos que construyen la historia de Iguazú

La Dirección de Patrimonio Histórico y Cultural celebra un nuevo aniversario dedicada al rescate de fotografías, documentos y testimonios de antiguos pobladores. Al frente de la Dirección se encuentra la María Esther Rolón, quien desde hace décadas trabaja para que las historias y los protagonistas de la ciudad no desaparezcan con el paso del tiempo.

Iguazú (LaVozDeCataratas)  Una fotografía guardada durante décadas en un álbum familiar, una carta, un documento o el relato de un antiguo poblador pueden parecer recuerdos personales. Sin embargo, cuando permiten reconstruir cómo era una calle, una escuela, un comercio o la vida cotidiana de otras épocas, se transforman también en parte de la memoria colectiva de una ciudad.

Rescatar y preservar esas huellas es el trabajo que realiza la Dirección de Patrimonio Histórico y Cultural, que celebra un nuevo aniversario reafirmando una tarea que muchas veces se desarrolla silenciosamente: evitar que las historias de Iguazú se pierdan con el paso de las generaciones.

Desde su creación, el área municipal trabaja en la recuperación y conservación de fotografías, documentos, testimonios y relatos de vida, muchos de ellos aportados por las propias familias de la ciudad.

Pero preservar la historia no consiste solamente en guardar objetos antiguos. Una parte fundamental del trabajo es buscar a quienes todavía pueden contarla, escucharlos y registrar sus voces.

A través de entrevistas a pioneros y antiguos pobladores se fueron reconstruyendo historias familiares y acontecimientos de la vida cotidiana. Parte de ese material dio origen al ciclo audiovisual “Huellas”, que permitió conservar testimonios de protagonistas de diferentes etapas de la ciudad.

María Esther Rolón, una vida ligada a la memoria de Iguazú

Al frente de la Dirección se encuentra la María Esther Rolón, cuya tarea de recuperación histórica comenzó mucho antes de la creación del organismo municipal.

En 1992, su primo hermano, el médico, escritor y conservacionista Luis Honorio Rolón, le encomendó continuar con la recopilación de la historia local. A partir de allí comenzó un camino de búsqueda de testimonios, documentos y recuerdos que se extendería durante décadas.

Su trabajo como docente también estuvo atravesado por esa preocupación. En 1996 impulsó junto a estudiantes de sexto y séptimo grado el proyecto “Niño Historiador”, que acercó a los alumnos a la investigación de los orígenes de la ciudad mediante documentos y relatos de sus habitantes.

Con el tiempo, aquella inquietud salió de las aulas y se transformó en una tarea cada vez más amplia.

Rolón también desarrolló trabajos de investigación y escritura relacionados con la historia local. En 2016 presentó De puro Vasco nomás, dedicado a la historia de Guillermo Isidoro Larregui, conocido como “el Vasco de la Carretilla”.

En 2017 impulsó la creación de la Dirección de Patrimonio Histórico y Cultural, concebida como un espacio destinado a trabajar sistemáticamente en la recuperación y preservación del patrimonio material e inmaterial de Iguazú.

De aquella maestra que invitaba a sus alumnos a investigar la historia del lugar donde vivían a la responsable de un área dedicada a preservarla, existe un mismo hilo conductor: la convicción de que una comunidad necesita conocer de dónde viene para comprender quién es.

Las familias también construyen el archivo de Iguazú.

Una parte importante del patrimonio recuperado durante estos años llegó a través de los propios vecinos. Familias de antiguos pobladores acercaron fotografías, documentos y recuerdos personales que permitieron ampliar el registro histórico y poner rostros a diferentes momentos del crecimiento de Iguazú.

En el marco del 120.º aniversario de la ciudad, por ejemplo, ese trabajo permitió realizar una exposición integrada por 40 paneles con fotografías inéditas de pioneros, muchas de ellas aportadas por sus descendientes y vinculadas con escenas familiares, celebraciones y acontecimientos de la vida cotidiana.

Así, una fotografía que durante años permaneció guardada en una casa puede terminar ayudando a que un niño conozca cómo era la ciudad de sus abuelos.

Una carrera contra el tiempo

Existe además una dimensión urgente en este trabajo. Los documentos se deterioran, las fotografías pueden perderse y las personas que conservan los recuerdos de las primeras décadas de la ciudad envejecen. Cada testimonio que desaparece sin haber sido registrado puede llevarse consigo una parte de la historia que difícilmente pueda reconstruirse después.

Por eso preservar el patrimonio no significa solamente mirar hacia el pasado. También implica pensar en el futuro. Cada fotografía identificada, cada documento conservado y cada voz registrada permiten que las próximas generaciones tengan la posibilidad de conocer no solamente las grandes fechas de Iguazú, sino también las historias de las personas que hicieron posible su crecimiento.

A nueve años de la creación de la Dirección de Patrimonio Histórico y Cultural, su aniversario vuelve a poner en valor una tarea construida con paciencia: buscar, preguntar, escuchar, identificar rostros, recuperar imágenes y conservar relatos.

Porque la historia de una ciudad no vive únicamente en los libros o en los edificios antiguos. También permanece en una fotografía familiar, en el recuerdo de un vecino y en la voz de quienes todavía pueden contar cómo era aquel Iguazú que las nuevas generaciones no llegaron a conocer.

Y preservarlos es, finalmente, una manera de impedir que el tiempo los borre.