Nació como un comedor en pandemia y por falta de recursos lo cerraron

Roseli Padilla y Julio César Broin dialogaron con LaVozDeCataratas y recordaron cómo sostuvieron el C.E.R.I. (Cataratas Espacio Recreativo Integrador), donde brindaron asistencia alimentaria de lunes a lunes durante la pandemia. La dificultad para conseguir alimentos y la falta de tiempo los llevaron a dejar de ofrecer comidas diarias, aunque mantienen vivo el compromiso de ayudar a la comunidad.

Iguazú(LaVozDeCataratas) Durante la pandemia, cuando muchas familias atravesaban una situación económica difícil y necesitaban ayuda para llevar un plato de comida a sus hogares, Roseli Padilla y Julio César Broin decidieron transformar su quincho en un espacio de asistencia comunitaria. Así comenzó una tarea solidaria que, con el tiempo, se convirtió en un lugar de contención para numerosos vecinos.

En diálogo con LaVozDeCataratas, la pareja recordó que la iniciativa surgió cuando desde la Dirección de Mujer y Familia les solicitaron un espacio para desarrollar actividades del programa Primera Infancia. Sin embargo, con la llegada del COVID-19, las necesidades de las familias aumentaron y comenzaron a organizarse para cocinar y entregar alimentos a quienes más lo necesitaban.

Con donaciones de vecinos y personas que se acercaban a colaborar, lograron sostener la asistencia de lunes a lunes. Además de las comidas, preparaban leche, tortas fritas y pan para compartir con las familias.

“Nos destrozaba que la mitad de la gente se fuera con la ollita vacía. Queríamos que todos pudieran llevarse, mínimamente, un plato de comida”, recordaron sobre aquellos días en los que el esfuerzo por llegar a todos era una prioridad.

Con el paso del tiempo, el espacio fue creciendo y sumó nuevas propuestas para la comunidad. Así se consolidó el C.E.R.I. (Cataratas Espacio Recreativo Integrador), donde se desarrollaron talleres de huerta, arte, pintura y costura, además de un ropero comunitario, un taller de ajedrez y una escuelita de fútbol para niños.

La colaboración de vecinos, familias y distintos grupos solidarios fue fundamental para sostener las actividades. Entre los aportes que recibieron, consiguieron una cocina gastronómica que les permitió mejorar la preparación de los alimentos.

Sin embargo, mantener la asistencia alimentaria diaria comenzó a ser cada vez más difícil. La falta de donaciones, la dificultad para conseguir alimentos y las responsabilidades laborales y familiares los llevaron a tomar la decisión de dejar de brindar comidas todos los días.

“Era muy difícil decirles que ya no podíamos contenerlos, porque las familias seguían viniendo. Pero realmente necesitábamos priorizar a nuestro grupo familiar”, explicaron sobre una decisión que no fue sencilla, especialmente por el vínculo que habían construido con quienes se acercaban a pedir ayuda.

Aunque ya no sostienen el comedor con la misma frecuencia, Roseli y Julio César continúan colaborando cuando está a su alcance. En ocasiones organizan desayunos y meriendas, y también comparten donaciones con otras iniciativas comunitarias, como la capilla José Carpintero, vinculada a Cáritas, en el barrio Primero de Mayo, y el merendero San Antonio, ubicado en el barrio Cataratas, a cargo de Gladys.

La experiencia dejó una huella en la pareja, que durante aquel período encontró en la solidaridad una forma de acompañar a quienes atravesaban momentos difíciles. A pesar de las dificultades que enfrentaron para sostener la iniciativa, valoran haber podido responder a las necesidades de las familias que se acercaron en busca de ayuda.

“Lo importante es que pudimos contener a la gente que vino a pedirnos una mano y que pudimos brindársela. Eso no tiene precio”, expresaron Roseli Padilla y Julio César Broin a LaVozDeCataratas.