Iguazú(LaVozDeCataratas) Tiene 37 años y hace aproximadamente diez que vive en situación de calle. Detrás de ese tiempo hay una historia marcada por las adicciones, los conflictos personales, la falta de oportunidades y, sobre todo, una profunda necesidad de sentirse acompañado.
En un diálogo a corazón abierto con LaVozDeCataratas, se animó a contar su realidad sin ocultar el dolor, pero también sin dejar de expresar sus deseos de cambiar.
Cuando le preguntaron qué lo había llevado a terminar en la calle, fue directo: “La droga, peleas con mi… con la junta también”, respondió. Hoy, su manera de sobrevivir es juntar latas y venderlas. Es lo que consigue para ganarse el sustento de cada día.
“Junto latas, y eso es lo que yo vendo para sobrevivir, día a día”, relató. También reconoció que continúa consumiendo drogas, una problemática que forma parte de su presente y de la lucha que quisiera dejar atrás.
Un oficio que todavía quiere recuperar
A pesar de las dificultades, hay algo que no perdió: las ganas de volver a trabajar. Su familia tiene una tradición de pintores y él también aprendió el oficio. Sabe pintar y sueña con recuperar aquella actividad que alguna vez fue parte de su vida.
“Yo siempre fui pintor, mi familia fue pintor”, contó. Cuando le preguntaron si había intentado volver a trabajar, reconoció que lo hizo, aunque siente que ya no puede desempeñarse como antes. “Intenté, pero no me sale más como antes”, explicó.
La falta de oportunidades y el rechazo social también pesan. Dice sentirse humillado, juzgado y dejado de lado por su aspecto y por la situación que atraviesa.
“Siento mucho eso, que me dejan de lado, me humillan, me pisotean, me juzgan por lo que yo soy, por cómo ando”, expresó con dolor.
“Más apoyo me faltaría”
Cuando la conversación giró hacia lo que necesitaría para cambiar su realidad, su respuesta fue sencilla: apoyo. También habló de su familia. Explicó que sus integrantes son personas humildes y que, aunque le gustaría recibir su ayuda, no cuentan con los recursos necesarios para acompañarlo como él quisiera.
“Me encantaría que me ayuden, pero no pueden, no pueden”, dijo.
El Agrocamping de Wanda, una posibilidad para empezar de nuevo
Durante la entrevista también surgió una alternativa que podría representar una oportunidad para cambiar su realidad: el Agrocamping de Wanda, ubicado en el paraje Nueva Argentina, en Misiones.
Se trata de un proyecto de contención social y recuperación de personas con consumos problemáticos, impulsado por la Asociación Civil para el Desarrollo Misionero y coordinado por Samuel Doichele.
La propuesta busca brindar acompañamiento a hombres mayores de 18 años que atraviesan situaciones de consumo problemático, mediante actividades comunitarias, productivas y laborales.
Entre las tareas que se desarrollan se encuentran la huerta, la agricultura, la carpintería, la elaboración de ladrillos y el reciclado. El objetivo es generar herramientas que permitan recuperar hábitos, fortalecer la autonomía y reconstruir un proyecto de vida.
Cuando se le preguntó si conocía el lugar, respondió que nunca había podido ir. ¿Qué le faltaba para llegar? Alguien que lo acompañara y le diera una mano. “Me faltaría que alguien me ayude. Quiero que me ayude alguien”, manifestó.
La posibilidad de acercarse al Agrocamping aparece como una esperanza. Sin embargo, todavía necesita ayuda para dar ese primer paso.
“Quiero cambiar mi vida”
A lo largo del diálogo, dejó en claro que quiere cambiar. No desconoce que el camino será difícil ni que tendrá que enfrentar muchas situaciones, pero asegura que ya intentó salir adelante y que muchas veces sintió que nadie lo comprendía. “Siempre le pedí a Dios para que Dios cambie. Y seguro que hoy fue el día que Dios me va a ayudar”, expresó con esperanza.
Su pedido no es solamente conseguir un trabajo. También necesita acompañamiento, contención y una oportunidad para comenzar un proceso que le permita dejar atrás la calle y el consumo problemático.
Antes de terminar la entrevista, le preguntaron dónde podrían encontrarlo aquellas personas que quieran ayudarlo. Su respuesta fue concreta: “Me pueden encontrar acá en la Plaza Malvinas”.
Tiene 37 años, lleva una década viviendo en la calle y todavía conserva un sueño: volver a trabajar, recuperar su oficio de pintor y cambiar su vida. Porque detrás de una historia de calle también hay una persona con deseos, capacidades y proyectos. Y, como él mismo lo expresó, hoy necesita que alguien le tienda una mano para poder empezar de nuevo.

