Santa Fe: Acusan a una prostituta de matar y descuartizar a un jubilado, pero ella dice que el asesino fue un “trapito”

La alternadora, de 38 años, se había mudado con la víctima, de 70, en diciembre; vecinos de la zona donde ocurrió el drama dijeron que la mujer ya había agredido a otro hombre para quedarse con su casa

Una película de terror. Así lo definieron quienes escucharon las explicaciones que dio Jésica Sosa, una trabajadora sexual de 38 años que fue detenida, acusada de asesinar y descuartizar a su pareja, de 70 años.

A pesar de las pruebas presentadas por la fiscalía que lleva la causa, la mujer no se hizo responsable del homicidio y culpó a un “trapito”, viejo conocido de ella y de la víctima, de haber sido el autor del homicidio.

Aunque minucioso, y por momentos confuso, el relato de la mujer no logró convencer a los investigadores. La fiscal del Ministerio Público de la Acusación (MPA) Celeste Minniti dispuso la prisión preventiva para la acusada, tras acreditar la existencia de riesgos procesales para la causa.

Para que no quedaran dudas, le atribuyeron a Sosa el “homicidio agravado por el vínculo” de quien era su pareja, Omar Alberto Pogliani.

Lo que provocó interés en el ámbito tribunalicio fue que parte de los restos de la pareja de Sosa aparecieron en la Plaza Escalante, en el norte del municipio de la capital, cuando fueron descubiertos el primer domingo de marzo por una vecina que salió a pasear a su mascota.

Restos del cadáver de Omar Alberto Pogliani, en la plaza Escalante, de Santa Fe
Restos del cadáver de Omar Alberto Pogliani, en la plaza Escalante, de Santa Fe

Según se aportó en la audiencia imputativa, la mujer explicó que se dedica al trabajo sexual e hizo mucho hincapié en que Pogliani no era su pareja, sino un cliente con quien tenía un muy buen vínculo.

También señaló que desde finales de diciembre del año pasado convivía con Pogliani en el departamento que él alquilaba, en un pasillo de 1° de Mayo al 4700, en la zona del macrocentro, adonde él la había invitado a quedarse porque le habían desvalijado su vivienda de barrio Santa Rita, al norte del municipio. Ese hombre era un solitario, bohemio, exestudiante de Letras en su juventud.

Sosa relató ante la audiencia que Pogliani no quería que ella trabajara, ya que le decía que con su jubilación la mantendría, mientras la ayudaba a “acomodar” su casa, que fue prácticamente destrozada por ladrones meses atrás.

Al respecto, la mujer sostuvo que como no podía pagar un albañil, Pogliani empleaba a un “trapito” de la zona para que realizara las reparaciones. Según la imputada, el “trapito” era un viejo conocido de la víctima, a quien solía darle ropa, y a veces le permitía que se quedara a dormir en su departamento. “A mí no me gustaba ese tipo”, sostuvo en su testimonio.

En su relato, dijo haber sido engañada. “La noche donde supuestamente se desencadenó la violencia, el ‘trapito’ me fue a buscar con el pretexto de que Pogliani me requería. Yo estaba con un cliente en la zona. El ‘trapito’ me empujó y me azotó la cabeza contra la pared. Ya dentro del departamento, completamente desordenado, había mucho humo y olor a quemado. Fui golpeada y abusada sexualmente”, subrayó.

Para los investigadores, la hipótesis es que el cuerpo en descomposición fue incinerado en el patio de la vivienda, y luego la parte inferior del cadáver fue arrojada en la Plaza Escalante, donde el domingo al mediodía hallaron, embolsadas y envueltas en frazadas, las dos piernas unidas por el hueso de la cadera. Lo que se busca resolver es quién asesinó al jubilado.

Los vecinos dijeron haber visto a Sosa en el departamento los días posteriores al crimen. A uno de ellos le pidió unas cajas de cartón porque “necesitaba quemar basura”. Además, el domingo al mediodía se mudó, llevándose los muebles del lugar. Cuando la policía arribó allí ese día por la noche, y encontraron los restos carbonizados en el patio, comenzaron a buscarla.

En el barrio Santa Rita, Sosa no dejó buenos recuerdos. Algunas de las vecinas declararon a la prensa que “es peligrosa, violenta y ‘quilombera’” y que allí “todos la conocen como ‘la drogona’.

“Ya tiene por costumbre hacer eso. Hace un tiempo agarró a un viejo que vive en un pasaje en el norte de la ciudad y lo quiso matar. Le azotó la cabeza contra la pared para poder quedarse con la casa. Es un desastre. Ya le quitaron los hijos y tiene uno muerto”, comentó una vecina.

La detuvieron el lunes por la noche, en la casa de un cliente. Allí arribó el domingo a la tarde, durmió esa noche y le preguntó al hombre si podía mudarse con él.

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Pan de la abuela

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